El pasado 10 de diciembre, con el cambio de mando en la nación, por varias razones deberá considerarse un día histórico. De hecho lo es la asunción de todo gobernante porque, independientemente de cuál sea su fortuna en el ejercicio del poder, la literatura registrará su nombre para siempre. Pero se dan curiosidades que confieren a este caso una característica especial.
En la nación y salteando los gobiernos de facto y la llamada ‘década infame‘ de la Concordancia, tendremos el primer presidente que no es peronista ni radical desde la presidencia de Victorino de la Plaza (reemplazó por muerte a Roque Sáenz Peña) que concluyó en 1916. Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear y de nuevo Yrigoyen integraron la primera terna radical. Luego vinieron los dos mandatos de Juan Perón, fundador del movimiento que hoy lleva su nombre y a continuación el hoy reivindicado Arturo Frondizi de la Unión Cívica Radical Intransigente a quien siguió don Arturo Illia, esta vez de la Unión Cívica Radical del Pueblo. El fin del exilio electoral peronista puso en la Casa Rosada al peronista de la ‘tendencia revolucionaria‘ Héctor Cámpora que fue rápidamente reemplazado de modo interino por Raúl Lastiri y finalmente por la ortodoxia de la fórmula Perón-Isabel el 12 de octubre del 73. En 1983 llegaba el radical del Movimiento de Renovación y Cambio Raúl Alfonsín quien perdió las elecciones en el 89 con el riojano peronista renovador Carlos Menem quien sostuvo las riendas hasta 10 años después para entregarlas al radical Fernando de la Rúa. Luego del turbulento fin de año de 2001 se hicieron cargo del ejecutivo por mandato de la Asamblea Legislativa dos peronistas, Adolfo Rodríguez Saa y Eduardo Duhalde. Este último entregó el bastón a Néstor Kirchner y de ahí hasta los dos mandatos de Cristina concluidos esta semana.
Puede afirmarse categóricamente que, desde 1916 la República Argentina fue bipartidista con dos fuerzas que se fueron alternando durante el siglo que terminaría el año que viene. El PRO, si bien con alianzas varias entre las cuales destaca el radicalismo, viene a romper ese esquema estricto de dos polos que rigió la vida de mi joven abuelo nacido en el siglo XIX y se aprestaba a regir también la de mis pequeños nietos en el XXI de no haber sido por Mauricio Macri.
En varias ocasiones surgieron por derecha e izquierda fuerzas prometedoras que amenazaban con quebrar esa división en dos. Lo hizo en los 70 el creador del PAMI, Francisco Manrique superando en 10% de los votos en elección abierta. Aunque pudiera considerarse un desprendimiento radical, en los 80 estuvo el Partido Intransigente de Oscar Alende que obtuvo buenos resultados e importante representación parlamentaria. Ya en los 90, un acopio interesante de peronistas de izquierda democrática y radicales del mismo cuño dio vida al Frente Grande que orientaron José Bordón y Chacho Álvarez. También estuvieron presentes intentos liberales como los que lideró varias veces el Ing, Álvaro Alzogaray. Pero siempre, los dos grandes polos de atracción los terminaron chupando. Hasta ahora. En 100 años, es la primera vez que una tercera fuerza, distinta y joven de antigüedad llega a manejar el Poder Ejecutivo.
Otro dato significativo es que, desde 1928 con la finalización de los 6 años de Marcelo Torcuato de Alvear, ningún presidente radical completó su mandato. Pero cuatro peronistas tampoco. Los ejemplos son: el segundo lapso de Perón en que fue derrocado por golpe militar al igual que los radicales Frondizi e Illia y el de los peronistas Cámpora e Isabel Perón. Alfonsín debió entregar su período 6 meses antes del vencimiento, Rodríguez Saa duró una semana y Duhalde, quien debía terminar los 4 años de la Rúa entregó el 25 de mayo y no el 10 de diciembre.
Históricamente sería injusto echar culpas solo al peronismo, los hechos nos indican que en nuestro país el papel de la oposición es siempre duro. Algún dato de ese recuerdo del futuro nos dio Cristina en su discurso antes de irse el miércoles. El que queda afuera empieza a conspirar contra el que está y por otro lado el que gobierna se suele exceder sin reconocer la existencia de la oposición. De ahí a la inestabilidad, hay pocos pasos.
Otra singularidad es que el caso Kirchner fue el primero en que se reemplazaron por elecciones marido y mujer. El anterior intento fue el de la esposa del líder, Isabel Martínez pero, como sabemos, concluyó mal. Aunque podría hacerse diferencias muy grandes entre las gestiones de Néstor y Cristina, la de ambos, sumada, fue la del tiempo más largo en continuidad. Antes, estuvo Julio Argentino Roca con dos administraciones pero intercaladas por las de Juárez Celman-Pellegrini y Luis Sáenz Peña-José Evaristo Uriburu.
Finalmente, puede que esta termine siendo la primera vez en que Argentina tenga un Primer Ministro al estilo europeo si es que, como se rumorea, Macri piensa poner en marcha la atribución que le da el Inc 4 del Art. 100 de la Constitución Nacional que admite la delegación de responsabilidades amplias al Jefe de Gabinete. Marcos Peña podría anotarse como un Premier con funciones más extensas que las de sus antecesores.

