De buen humor por la expectativa de juego de Racing, no tanto por los resultados, haciendo un espacio en un día no tan agitado como los de antes pero igual con mucha actividad, el exgobernador se sentó a mi lado en el estudio de grabación y se sinceró: ‘Tengo que aprender a ser opositor‘. Claro, en ese momento caí en la cuenta de que la actual era para él una experiencia casi nueva. Casi, porque los peronistas como él no conocieron el oficialismo propiamente dicho salvo por el breve período en que el General volvió a la Argentina y ganó aquella elección de septiembre del ’73. Generacionalmente no participaron de la gloria de la creación del movimiento desde aquel recordado 17 de octubre del ’45 hasta el golpe militar de Aramburu, Rojas y compañía diez años después.

En plena juventud, cuando comenzaban a volar en política, los sorprendió el otro golpe, el del ’76 y muchos fueron a la cárcel y otros regresaron por años a la vida civil. La llegada de Alfonsín fue la primera vez en que se calzaron bien la camiseta de desafiantes pero pocos años después llegó el clímax de administraciones sucesivas que comenzaron con los 10 años y 6 meses de Menem y se interrumpieron brevemente con el lapso de De la Rúa. Y luego el idilio recién concluido con el electorado que, tanto en la provincia como en la Nación, dejó a los justicialistas 12 años en el poder, período de amor que todavía no se cierra en San Juan pero que sí abrió un capítulo distinto en la Nación.

José Luis Gioja fue diputado provincial opositor hasta 1991 con la gobernación de Gómez Centurión, luego diputado nacional y senador en la gestión de Carlos Menem, vice presidente de hecho en la de Eduardo Duhalde (1 año y 5 meses) para prolongar su romance oficialista durante 12 años más. Total 22 años y algunos meses tomando decisiones desde los sillones grandes. Mucho tiempo, tanto como para sentirse desconcertado y lógicamente poder hacer la afirmación del comienzo: ‘Tengo que aprender a ser opositor‘. No es una cuestión menor considerando la cantidad de ‘compañeros‘ que están en la misma situación, muchos de los cuales nacieron políticamente entre las alfombras de las casas de gobierno y que no conciben cuál es el papel que se debe desempeñar desde la vereda de enfrente.

Tal vez sea esa la razón por la que muchos piensan que Gioja o algún personaje con sus características debe sentarse en la Presidencia del partido desde mayo próximo, la fecha indicada para las elecciones internas. Alguien curtido por los rigores de la historia y con edad y fuerza para domar o controlar a ese corcel brioso que es la columna electoral del movimiento. Si alguien tan exitoso y ganador durante tanto tiempo reconoce que, no obstante su trayectoria, debe aprender, puede que sea un buen ejemplo para los menos experimentados tentados a transitar rutas equivocadas que comprometan la gobernabilidad, como han sugerido algunos que no admiten la derrota ante Macri, o que, del otro lado, carezcan de la voluntad suficiente como para mantener en alto las viejas banderas.

Todo es nuevo para todos, agregando lo que dijéramos en una columna anterior respecto de Macri, primer presidente desde Victorino de la Plaza en 1916 que no debe tributo a radicales ni a peronistas y que gobierna con el parlamento en minoría. Por lo que lleva andado el Presidente está demostrando una sutil pericia para caminar por el filo de la navaja.

En esa tarea desesperada de armar alianzas transitorias deben encuadrarse los viajes de cabotaje que ha emprendido en los casi tres meses de gestión y que esta semana tuvieron destino de la Patagonia. Allí espera consolidar el tejido con los gobiernos de Chubut y Neuquén del mismo modo que ya lo hizo con otros distritos como Córdoba y Santiago del Estero, esto para garantizar el número que le permitirá sacar adelante el núcleo de su plan económico inicial, que consiste en volver al mercado de capitales para evitar un ajuste fuerte de gastos.

Justamente respecto de ese endeudamiento. Gioja busca liderar al PJ y las provincias de ese color que ya estuvieron reunidas en San Juan con la siguiente hipótesis: si la Nación buscará financiamiento por 15 mil millones de dólares mediante la colocación de un bono externo para pagar a los holdouts el 14 de abril, que lo haga mejor por 17 mil y deje los 2 mil restantes para devolver a los distritos subnacionales el 15% detraído en su momento para las jubilaciones y que la Corte Suprema ha ordenado reintegrar en los próximos años. Rápido de reflejos, el diputado que pretende conducir al PJ le acerca al ejecutivo nacional esta solución que implica resolver el problema sin vaciar las arcas propias. Esto podría dejar a todos conformes y obtener un posible resultado unánime en la eliminación de la cláusula cerrojo que impide por ley otorgar mejores condiciones a los holdouts de las que se otorgaron a los holdings que aceptaron el gravoso canje que propuso nuestro país en 2005 y 2010.