Una página amarilla de DIARIO DE CUYO del 4 de mayo de 2001 la mostraba como la mujer que ‘desafía propuesta de los hombres del PJ‘. Hace justo 10 años, Blanca Rosa Ocampo le quería pelear la candidatura del Senado a José Luis Gioja. No lo logró. Pero ayer, alejada del ruedo político, la muerte la encontró todavía combativa y desafiante, pasando a la posteridad como una de las gremialistas y políticas provinciales más destacadas.

En ese entonces ya se quejaba de que el espacio femenino era poco en las listas justicialistas y valoraba el voto de las mujeres ‘porque las mujeres entienden que la conducción del futuro debe estar en manos de ellas, femeninas, sin necesidad de copiar poses masculinas como la de Margaret Thatcher o Delia Pappano‘ . Consideraba a Gioja como ‘un buen militante pero un mal presidente del partido‘, a Carlos Menem como alguien que amaba por su obra, poco reconocido ‘porque los argentinos no tenemos la memoria activa de los judíos‘ y a Jorge Escobar como ‘un buen tipo, pero rodeado de gran cantidad de canallas‘.

Era obvio que no tenía pelos en la lengua ni falta de decisión. Se había afiliado al Partido Justicialista en 1968, donde ella se recordaba como una luchadora -desde la clandestinidad- por el retorno de Juan Domingo Perón. Desde ese lugar político inició su carrera como gremialista, llegando a secretaria General de la Unión Docentes Agremiados Provinciales (UDAP) en 1989. Empezó a militar en el sector desde la tarea docente. Contaba que en 1986, por concurso, fue designada directora de la escuela La Capilla, subrayando logros personales como que llevó esa pequeña institución de 169 alumnos a 417. Más tarde, la ascendieron a supervisora escolar.

El liderazgo de UDAP, uno de los gremios más numerosos de la provincia, le sirvió de trampolín para ser convocada por Escobar, en su primer gobierno, para su gabinete. Así, Ocampo renunció a la titularidad de UDAP para asumir el 10 de diciembre de 1991 como ministra de Desarrollo Humano escobarista. Duró en la función 6 meses: ‘A Escobar lo entornaron los canallas que le pidieron mi cabeza‘, aseguró luego de su salida de la gestión pública. Sin embargo, la docente sumó a su carrera de luchas lo que ella calificaba como un logro político sustancial, con el desarrollo del Programa Arraigo. En 2001 ella citaba que ‘motorizamos 65 jefes villeros que se encargaron de darle vida al Programa Arraigo. Verlos trabajar fue comprobar la respuesta de la gente cuando uno le va de frente y no le miente‘.

En UDAP dicen que no la veían por la sede gremial hace varios años, pero que la recuerdan como una de las líderes más encendidas, en tiempos difíciles.