La historia sanjuanina recordará a grandes empresarios, y a los otros, por supuesto. Para quienes tienen más de 40 o 50 años de edad el apellido Dragonetti puede resultar bastante conocido, aunque es muy probable que la mayoría lo recuerde pero con letras distintas, gracias a la graciosa imaginación de la exdiputada provincial Delia Pappano: ‘Ladroneti’, le decía. La dirigente radical lo apodó de esa forma una vez que empezó a cruzarse con él en interminables discusiones en la Legislatura, gracias a que ella y otros célebres investigaron al dueño de la empresa Panedile por, supuestamente, haberse quedado con millones de pesos que la provincia pagó por obras que no se hicieron. Hugo Dragonetti (o su símil) fue noticia otra vez esta semana en San Juan al despedir a 220 personas de la obra Interlagos, una de las tantas que le dio la provincia y por la que ha podido enriquecerse hasta llegar a ser socio de los holdings de construcción más importantes del país. La acción de dejar en la calle a esas familias es pura estrategia de presión, algo que los sanjuaninos ya conocemos de ese personaje: no hay que olvidar que una vez ofreció pagar los sueldos adeudados a estatales con la plata de los diques y que en otra ocasión protagonizó una insólita marcha de obreros y maquinaria pesada a Casa de Gobierno. Parece que el hombre ha vuelto a sus andanzas.

Según un informe que publicó el diario Perfil, datos corroborados por algunas fuentes en San Juan, Panedile es una empresa que nació en 1947 de capitales italianos. Luego cambió de dueños hasta que en el año 2000 ingresó la familia Dragonetti, actual propietaria de la firma. En los primeros años sólo hizo tres obras, hasta que asumió Néstor Kirchner en 2003, donde de repente le adjudicaron una treintena de emprendimientos públicos, entre los que están las represas sanjuaninas. Hugo Dragonetti fue subsecretario de Obras Públicas durante el tercer gobierno de Juan Perón y su sucesora y viuda, Isabel Martínez, y es un hombre al que le adjudican muy buenas relaciones con el exministro de Planificación Federal, Julio De Vido. Tanto que algunos empresarios sanjuaninos y de otras latitudes llegaron a sospechar que la empresa de Dragonetti perteneció al funcionario, algo que nadie hasta el momento pudo comprobar. Su historia con la provincia es de amor y odio, todo a la vez: Panedile logró que le adjudicaran la construcción de los diques Los Caracoles-Punta Negra, cuando aún la idea era licitar los dos diques a la vez. Después, con los sucesivos problemas económicos de la provincia, allá por 2002 cuando San Juan debía hasta cuatro sueldos a sus empleados y todo podía estallar por los aires (de hecho así ocurrió), el empresario tuvo sus días de mayor estrellato público, los que se recuerdan hasta hoy: ofreció prestarle plata a la provincia de los fondos para los diques, como si se tratara de un trato entre almacenero y vecino. Luego, en el absurdo más importante que se recuerde, condujo una marcha de obreros de la construcción hasta la Casa de Gobierno, maquinaria pesada incluida, para exigirle al exgobernador Avelín el pago a los empleados de la obra que él tenía adjudicada. Eso no fue todo: más tarde, el exgobernador Wbaldino Acosta, sucesor de Avelín, lo demandó por haberse quedado supuestamente con unos 100 millones de pesos de los diques, ya que sospechaban que Dragonetti había cobrado certificados de obras que nunca se hicieron. Curiosidades sanjuaninas: un informe del Tribunal de Cuentas concluyó en aquel momento que efectivamente la provincia le había pagado más de lo que la empresa había construido. La rareza la protagonizó después el exjuez Leopoldo Zaballa Pringles, ahora jubilado, quien justificó las diferencias entre plata pagada y obra construida al fallar que no había necesidad de pagar por los avances de obra, sino por un plan previamente pactado. ¿Resultado? Dragonetti zafó y nunca nadie supo qué pasó con los más de 100 millones de pesos de la suma y resta que hizo el Tribunal de Cuentas. A pesar de esa historia y sólo por registros periodísticos publicados por éste u otros medios, se puede arriesgar que Panedile tiene a su cargo una gran cantidad de obras: la Ruta 40 Sur ($720 millones), el perilago del dique Punta Negra ($1.100 millones), el Teatro del Bicentenario ($700 millones), Los Caracoles (409 millones de dólares), Punta Negra (450 millones de dólares) y El Tambolar (900 millones de dólares). Todas obras adjudicadas o negociadas (dos diques no fueron a través de una adjudicación) durante el kirchnerismo. ¿Por qué despidió gente? Argumenta que la Nación le debe dinero y en el entorno de Macri dicen que no es que no haya plata, sino que no lograron conformar un organismo que debía certificar los pagos a las empresas como Panedile. Torpeza macrista, en definitiva. A Dragonetti no le deben cuatro años, ni uno ni dos, le deben un par de certificados. Dicen que el gobernador ya gestionó en Capital Federal y que la semana que viene tiene su solución. Con la cantidad de obras que Panedile ligó de San Juan ¿hacía falta que dejara en la calle a esas 220 familias por una deuda menor comparada con la cantidad de plata que se llevó? No, definitivamente. Dragonetti llegó hasta donde llegó gracias a esta provincia. Ojalá que el cambio llegue también a los empresarios.