-¿Cuáles son los temas relevantes que se abordarán en el III Congreso Argentino de Cultura?

-En el Congreso se van a trabajar todos los temas vinculados a la cultura y al mercado cultural, la Argentina es un país muy activo en la defensa de la excepción cultural que es el derecho de los países a fijar reglas distintas en relación a las normas que dicta la Organización Mundial de Comercio para otros bienes, lo que significa que no es lo mismo un libro que una heladera, se pueden importar productos pero si hay algo que no se puede importar ni dejar de producir es la cultura. Habrá foros, mesas de debate y conferencias magistrales y son muchos los puntos salientes que debatiremos, como las identidades culturales, la diversidad cultural, democratización tecnológica. Yo hablaré sobre el poder transformador de la acción política de la cultura, está el tema del proyecto de la ley federal de cultura y el de industrias culturales, que son muy importantes también.

-Su Secretaría acaba de lanzar junto al ministerio de Producción el Mercado de Industrias Culturales de Argentina ¿Qué lugar ocupan las industrias culturales en el anteproyecto de la ley federal de Cultura?

-Nosotros de alguna manera a las industrias culturales las ponemos en el corazón del proyecto, porque entendemos que no sólo se trata de estimular el arte, sino de tener capacidad para difundirlo, a través dos canales, el soporte en el cual el arte se vende y se promueve, y la difusión, y ahí llegamos en un momento muy esperanzador por la existencia de la nueva ley de medios audiovisuales. Las industrias culturales superan en capacidad industrial a la minería, para fijar un comparativo, de ahí su importancia en la economía y para la generación de puestos de trabajo, y nuestro país tiene como ventaja diferencial el factor humano, que a pesar de las crisis que atravesamos se ha preservado.

-¿Qué objetivo tiene una ley nacional de Cultura?

-En primera instancia las asimetrías, que habrá que discutirlas porque la cultura es un derecho universal, hoy se habla de cultura únicamente en este sentido, y esto no significa federalizar de un modo idealista, porque en Hollywood hay uno y tampoco está mal que así sea, pero cuanto mayor se pueda dispersar no sólo la producción, sino las oportunidades, mejor. Hay pueblos y ciudades del país que no tienen librerías, no tenemos una industria federal ni tampoco un mercado nacional de cultura, estos son los desafíos. Para mí, una ley federal de cultura es aquella que surja de las discusiones y acuerdos de los responsables culturales de los Ejecutivos de cada provincia, que a la vez organizaron reuniones y debates con corporaciones, sindicatos, artistas, entre otros.