Buenos Aires, 9 de julio.- El debate por el matrimonio homosexual se convirtió en una confrontación de fuerzas, ya no partidarias, sino personal entre el ex presidente Néstor Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio, quien es visto por el gobierno como el líder moral de la oposición.
Cada uno a su estilo delineó estrategias cuidadas, y no tanto, para llevar agua a su molino en un tema que, según quien lo analice, puede igualar derechos o modificar el concepto de familia y matrimonio en la legislación argentina.
El enfrentamiento se hizo evidente este jueves cuando el ex mandatario deslizó la existencia de ‘presiones‘ por parte de la Iglesia para frenar el proyecto de ley con sanción de Diputados y que el 14 de julio deberá dirimirse en el recinto del Senado. Kirchner replicó así la advertencia de Bergoglio en cuanto a que la iniciativa parlamentaria para legalizar el casamiento entre personas del mismo sexo conlleva ‘una presión destructiva al plan de Dios‘.
La reacción del ex mandatario demostró además el malestar que existe en la Casa Rosada por el fracaso del oficialismo para imponer un dictamen de mayoría en la Comisión de Legislación General, que optó por otro -no querido por el kirchnerismo- de unión civil sin adopción propuesto desde la oposición.
Desde la Iglesia también denunciaron ‘aprietes‘ a los senadores oficialistas para que aprueben el proyecto originario de matrimonio homosexual.
‘Habrá que estar muy atentos porque el kirchnerismo puede recurrir a una serie de jugarretas como invitar al viaje de la Presidenta a China, que coincide con el tratamiento en el recinto, a senadores que se oponen al proyecto para evitar así que voten en contra‘, dijo a DyN Justo Carbajales, director del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina.
La denuncia eclesiástica tenía asidero. La senadora sanjuanina Marina Riofrío, que se opone al proyecto, se sumó a la comitiva presidencial diciendo que ‘no podía rechazar la invitación‘ y asumiendo el consiguiente costo político.
Néstor Kirchner pretende que la ley se sancione sí o sí, por lo que no dudó en llamar por teléfono a los senadores oficialistas y aliados, contrarios al proyecto, para convencerlos so pena -trascendió- de cortar el flujo de dinero a las provincias.
Tal es la injerencia del ex presidente en este tema que, pudo confirmarse, forzó la renuncia del senador tucumano Sergio Mansilla a la Comisión de Legislación General, al negarse éste a cambiar su voto. En su lugar, impuso a su par jujeña Liliana Fellner, una incondicional de la Casa Rosada.
En tanto, la Iglesia movilizó sus cuadros -además de familias y alumnos de colegios católicos- para demostrarle a los senadores que la mayoría de los ciudadanos, sobre todo del interior del país, ‘no quiere que se trastoque el concepto de familia‘.
Para esto apeló a manifestaciones callejeras, algunas masivas, en las provincias donde se realizaron audiencias de consultas motorizadas por la senadora sanluiseña Liliana Negre de Alonso, presidenta de la Comisión de Legislación General.
Una estrategia de ‘presión‘ que, según el oficialismo, la legisladora consensuó con Bergoglio para demorar y ‘embarrar‘ la discusión del proyecto en el recinto. Cargos que Negre de Alonso negó. La Iglesia sumó en su objetivo opositor la recolección de firmas a un petitorio elaborado por la Universidad Católica Argentina, que consiguió más de 600.000 adherentes en oposición al proyecto y que fue entregado en el Senado.
En tanto, Bergoglio se puso al frente de la ‘marcha naranja‘ -color que identifica la propuesta por la familia- frente al Congreso que católicos, evangélicos, judíos y musulmanes harán el martes 13 de julio, en vísperas del tratamiento del proyecto en el recinto del Senado.
Mediante una carta, la máxima autoridad eclesiástica del país exhortó a participar activamente de esa movilización organizada por los credos y recomendó expresarse sólo llevando banderas con consignas positivas para el matrimonio varón y mujer.
Bergoglio instó además a una jornada de oración para el domingo con esta misma intención y a leer en las misas de todo el país la declaración del Episcopado sobre ‘el bien inalterable del matrimonio y la familia‘.