Mientras había una orden para arrestarlo por su presunta participación en el escándalo de las expropiaciones, Horacio Alday estuvo fuera de la provincia y no se presentó en la Justicia. Los investigadores del caso suponen que actuó junto a Santiago Graffigna, el principal imputado, y se preguntan, entre otras cosas, ¿por qué cobró por juicios sospechados en los que dice que no tuvo nada que ver? y ¿cómo llegó a su estudio un expediente clave que se perdió en Tribunales? De vuelta tras casi 11 meses, Alday aseguró que el documento fue a parar a su oficina por casualidad y que no lo devolvió porque entendió que se había dejado de tramitar. Además, cuestionó a la jueza de la causa y habló de cómo fue que percibió dinero del polémico caso Ruiz Guillermo, que le causó un perjuicio millonario al Estado.
– ¿Dónde estuvo todo este tiempo?
– Estuve bajo la sombra y resguardo de la Virgen, en el cruce de sus brazos y en el hueco de su manto. Porque la verdad, con todo este problema, en el lugar que yo estuve fue en el regazo de la Virgen, que me protegió y amparó a toda mi familia.
– ¿Cuál es el problema de decir dónde estuvo?
– Para mí es intrascendente. Esté donde haya estado, la respuesta con sustento es eso. Yo estuve realmente en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos.
– ¿Por qué se fue?
– Yo no me fui para no quedar detenido como ustedes dicen. Me fui los primeros días de febrero de 2013 por una cuestión familiar de mis hijos y por una cuestión de salud, una de ellas de mucha gravedad. Todo esto me sorprendió fuera de la provincia, lo que para nosotros era impensado porque en octubre de 2012 presentamos una eximición de prisión y en febrero, el día antes de irme, presentamos una nulidad en el requerimiento fiscal porque no decía qué delitos había cometido yo. Nunca pensamos que iba a pasar esto, más cuando ya estaba presentada toda la documentación en el expediente.
– ¿Cuánto tardó en solucionar esos problemas?
– Se solucionaron en 2 o 3 meses.
– ¿Por qué no volvió de inmediato y se presentó en la Justicia?
– Yo siempre estuve a derecho en el expediente. Lo que yo traté es no estar al capricho de una jueza, en contra de lo que dice el derecho. La vez anterior, sin que hubiera un requerimiento fiscal ni pruebas en contra, ella ordenó mi detención y mi allanamiento. En esta causa inventó cosas, que yo formé parte de una asociación ilícita, que yo soy el jefe.
– Entonces no se presentó por temor a quedar preso…
– No, no, no. No estaban dadas las garantías de que el caso se iba a juzgar conforme a derecho. Ahora, está claro que muchas de las cosas que se han hecho en el expediente son contraria a derecho y a las pruebas.
– Si usted dice que nunca intervino en los juicios investigados, ¿por qué cobró por esos juicios?
– Yo firme un convenio con Graffigna en 2002 que documentó la separación del año ‘97 y decía que de aquellos trámites iniciados o por iniciarse, por el hecho de haberme correspondido esos trámites, yo iba a cobrar un porcentaje cuando los clientes cobraran y de acuerdo a como saliera el juicio, aunque yo no tuviera nada que ver, no trabajara y me separara de los juicios. Cuando los juicios terminaron, Graffigna le avisa a mí abogado, que era Raúl Alonso, que ya estaban esos trámites para cobrar. Entonces, una parte de honorarios la pagaba el Estado provincial, que era la menor, otra parte la pagaban los clientes porque era parte del convenio de cuota litis. Por no haber actuado, lo que yo cobraba quedó reducido al mínimo.
– El acuerdo era con Graffigna, pero usted le cobró y le facturó a los clientes.
– Porque los que pagan eso son los clientes. Antes de que nos separáramos, de la parte de los clientes, nos tocaba el 50 por ciento a cada uno. Después de la separación la gente le pagaba Graffigna el 80 por ciento y a mí el 20 por ciento. Yo renuncié a los trámites y como una indemnización a mí, que quedé con una partecita de lo que se cobrara.
– Si no intervino, ¿por qué le pagaron los clientes?
– Porque los obligados al pago son los clientes, según el pacto de cuotas litis.
– ¿Los clientes le revocaron los poderes?
– No, no. Lo que yo hice fue no ejercer los poderes.
– ¿Los pactos de cuota litis nunca quedaron sin efecto?
– No. Sólo fueron modificados los porcentajes. Cuando el cliente cobraba, Graffigna les decía a los clientes “mire, Alday correspondía la mitad, pero Alday se retiró de este juicio, así que por no intervenir, sólo le corresponde una parte”.
– En un allanamiento en 2011 encontraron en su estudio el expediente del caso Carbajal que se había perdido de Tribunales y que después se unificó de manera polémica con otros expedientes, ¿cómo llegó a su estudio?
– En agosto de 2005 yo tomo conocimiento de que Graffigna había dispuesto de unos honorarios míos, me presento en el Juzgado y lo denuncio. El me reintegra el dinero, pero para que no volviera a pasar se hizo un arqueo de todos los expedientes. En diciembre de 2005 se me entrega un montón de expedientes para que los certificara ante escribano para poder saber en qué estado estaban. Fueron mas o manos 15 expedientes. Durante enero, yo les hago fotocopia y los llevo al escribano y quedaron para que se retiraran. Seguramente en febrero o marzo, alguien retiró esos expedientes, el expediente de Carbajal quedó ahí entre esos 15 o 20 expedientes que están certificados con fecha de diciembre de 2005, que es la fecha en la que se perdió ese expediente.
– ¿Quién certificó la existencia de ese expediente?
– De ese no. No se certifica la copia, porque cuando vamos a sacar seguramente “dijimos no, en este expediente no tenemos nada que ver” y quedó en la caja. Cuando se retiraron los expedientes de los que se había sacado copia, quedó traspapelado entre las copias. Y surge recién cuando de la Asesoría Letrada del Ministerio de Hacienda nos piden un informe. Alonso me dice que le habían pedido un informe políticamente, yo colaboré y se empezó a juntar todas las cosas, que fue en octubre de 2010, y entre las cosas estaba ese expediente. Yo creí que ese expediente lo habían abandonado, porque la última actuación era de diciembre de 2005, la misma fecha en que se certificaron todos los otros expedientes.
– ¿No se le ocurrió devolverlo a la Justicia o decirle a Graffigna que se lo olvidó?
– Yo no tenía casi conversación con Graffigna. Nosotros consideramos, como tantos otros expedientes, que fue abandonado.
– ¿Le informó a Alonso de ese expediente cuando hicieron el arqueo?
– No, porque no tenía trámite… Para que vos veas, yo tengo los recibos de que muchos de esos expedientes se les prestaban a los asesores de Hacienda. Alonso se los llevaba, nos firmaban un recibo y los traía.
– ¿En el caso de Ruiz Guillermo tuvo algo que ver?
– Absolutamente nada que ver.
– ¿Por qué aparece una cesión suya de derechos a Parra que le permite cobrar dinero de ese juicio?
– Por la falta de acuerdo que yo tenía con Graffigna y para poder terminar la separación de esos procesos, yo le comuniqué a Graffigna que que le iba a ceder juicios míos a otro profesional para que él, de mi mínimo porcentaje que me quedaba, me diera un porcentaje más mínimo con tal de que esos expedientes los tramitara otro profesional. Yo directamente le transferí todos mis derechos a un contador, Parra, para que él contratara otro abogado y siguiera esos juicios. Cuando Alonso le comunica a Graffigna que esos juicios yo los había transferido a un tercero, Graffigna dice “yo se los voy a comprar a ese Parra porque no quiero que nadie más intervenga acá”. Alonso negoció la venta de esos honorarios con Graffigna y Graffigna le transfería a su vez unos derechos de un juicio que tenía, que nosotros no sabíamos cuál era. Cuando se hizo el convenio, ese porcentaje de una liquidación que tenía por cobrar Graffigna, era de ese juicio.
– Con eso le paga a Parra y Parra le da un porcentaje a usted…
– No, yo a Parra y a Alonso le pagaba honorarios. Ellos me hacían el recupero de ese dinero. Era una liquidación firme y después de 8 o 9 meses que Graffigna no ejecutaba, se presentaron ante la Fiscalía, Graffigna tuvo que presentarse y se inició la ejecución de eso.
– ¿Cuánto le pagó a Parra?
– Se le pagaron ciento y pico mil pesos. Lo que yo vendía fueron 6 o 7 juicios y se calculó que yo tenía a cobrar 1,8 millones. Yo le pagaba 10 por ciento a Parra y de lo que me quedara, yo le daba la mitad a Alonso.
– Entonces fue una cuestión simulada…
– No, fue para que Graffigna supiera que ya no eran míos y que tenía que negociar con una persona aparte a la que no iba a poder chicanear. Yo creí que no me iba a pagar más. Graffigna privilegiaba los juicios en los que yo no tenía derechos.

