La fórmula de supervivencia de César Esteban Vignoli no parece ser otra: la estafa. Con 49 años y a punto de recibir su quinta condena por fraude (el lunes empiezan a juzgarlo por dos hechos en 2007 y 2009), se conoció otra denuncia en su contra: una humilde familia de jornaleros de Pocito, lo acusan de haberles sacado un jamón y $5.000, con la falsa promesa de darle todo al abogado que lo sacó a él de prisión para que también libere a su pariente preso por homicidio.

Es la enésima maniobra que le atribuyen a este sujeto, que en diciembre pasado fue condenado a 2 años y 10 meses de cárcel por sacarle con engaños un tractor a un empresario, $140.000 a un porteño con un falso proyecto empresarial, y estafar en unos $68.000 a una concesionaria con la compra de un auto.

Además de esos castigos, ya le habían dado 3 años de prisión efectiva por 6 fraudes entre el 12 de mayo y el 8 de octubre de 2008. Y otras dos condenas, el 15 de febrero de 1999 y el 29 de noviembre del mismo año.

A pesar de la última pena que le impusieron, un juez le dio la ‘libertad asistida’ el pasado 11 de febrero, porque gozaba de ‘conducta ejemplar 10’ y porque el cómputo de su encierro lo permitía.

Todo indica que tres días después, apareció en un auto en una humilde casa del callejón Vita, entre 9 y 10, Pocito. Allí viven la madre, una hermana y dos sobrinos de Juan Américo Quiroga, preso desde el 30 de noviembre pasado por matar a cuchillazos a su sobrino Carlos Terrera (44).

Según la hermana del detenido, Ana Rosalva Quiroga, fue Vignoli y no otro el que primero les dijo que iba a comprarles un jamón que ni siquiera había visto pero sabía de su existencia. Y cuando le pidieron la plata, cambió el discurso: les dijo que era ese alimento más unos $5.000 que la familia tenía ahorrados para hacer unos arreglos en la casa, lo que necesitaba para darle al abogado que liberaría el próximo 17 de abril a su pariente.

‘Le pedimos un recibo pero no quiso, nos dijo que él se iba a hacer cargo porque era incapaz de sacarle 10 centavos a nadie, mucho menos a una anciana enferma como mi mamá’, dijo ayer la mujer, dolida.

La trampa denunciada se descubrió cuando Ana fue al penal a visitar a su hermano y éste le dijo que todo era mentira, que jamás había mandado a Vignoli.

‘Es un sinvergüenza. Yo lo conocía del pabellón 11 porque ahí estaba con mi hermano, si hasta compartió con nosotros unas empanadas que le llevamos para su cumpleaños el 30 de enero pasado. Me quedó un dolor muy grande por lo que hizo’.

Pese a la denuncia, el sospechoso sigue libre.