Ropa deportiva, zapatillas blancas, un silvato y un celular colgando del cuello, menos de 30 años, anteojos con aumento, dos o tres bolsas de compras. Cuando la mujer cruzó la puerta de la tienda con esa apariencia y toda la seriedad, la empleada no sospechó pero tampoco se relajó demasiado: los múltiples ataques de mecheras en la zona la mantenían con los ojos pegados en la supuesta clienta, que no tardó en empezar a pedir prendas y a medírselas. Todo fue normal, porque incluso entregó 500 pesos en efectivo por su compra, pagó otros 129 con una tarjeta Visa, firmó un cupón y hasta dejó un número telefónico. El problema surgió cuando salió a la calle a conseguir un remís para cargar todo y marcharse. Al volver, sacó de una las bolsas que traía un arma plateada, la apoyó disimuladamente en el abdomen de la empleada y con toda tranquilidad exigió: "Disculpame, pero este es mi trabajo, dame lo que te di y lo que tengas en la caja".
Entonces Alejandra Oro no dudó en regresarle los 500 pesos, más otros 61,90 que tenía en la caja. Y en medio de una crisis de impotencia, sólo atinó a mirar cómo la ladrona se alejaba del comercio con el dinero, más dos pantalones, una remera, una camisa y una campera. "Quería salir y gritar pero como tenía un arma me dio mucho miedo. Después no paraba de llorar", dijo ayer la joven.
Todo pasó a las 21 del miércoles en la tienda "Glam" ubicada sobre avenida Libertador frente al "Súper Vea" de Desamparados, en Capital. Ayer, la sospechosa era buscada.
