Luisa Sosa es optimista. Ayer decía en voz alta que debía olvidar el pésimo momento que pasó y seguir adelante, pero también se prometía nunca más movilizarse de noche y mucho menos en esa complicada zona limítrofe entre Capital y Chimbas (la avenida Benavidez, al Este de Tucumán) donde atravesó el único y más violento ataque por un robo en sus 60 años de vida: un puntazo en el costado izquierdo del abdomen que le propinó ‘una niña que habrá tenido unos 12 años’, dijo ayer. Y varias patadas que le asestó esa misma jovencita con otra cómplice, también menor, para conseguir que soltara sus cosas: su cartera con $80, su carnet de pensionada y otro para viajar en micro, una bolsa con ropa, los $5 que tenía en una mano para esperar el micro y su teléfono celular, en la otra.
Fue la oportuna intervención de un automovilista que pasó por el lugar y empezó a los bocinazos, lo que hizo desistir del ataque a esas niñas, que huyeron en la moto de un tercer cómplice con su cartera con los carnet y los $80, dejándola en el piso aferrada a su teléfono y la plata para el micro, contó ayer Luisa.
Todo pasó a última hora del martes. Luisa explicó que desde hace un tiempo se dedica con su hermano Segundo a vender tabletas y semitas en el Parque de Mayo, para sumar unos pesos a esa pensión que le dieron por un cáncer de mama que sufrió. Así, puede pasar sus días y ayudar también a la menor de sus cuatro hijos, la única que vive con ella.
Cuando trabaja, Luisa sale en micro de su casa en el barrio Buenaventura Luna, en Rawson, vende con su hermano, lo acompaña a dejar una hielera a su casa en el barrio Costa Canal I, en Capital. Y otra vez toma el micro para volver a Rawson.
Eso pretendía hacer sobre las 23,30 del martes. Primero esperó un micro de la línea 20 en Rawson y Benavidez. Pero como no pasaba ninguno, resolvió caminar por Benavidez al Oeste para esperar los de la líneas 2 o 28, que pasan cerca de Tucumán.
En eso estaba -explicó ayer- cuando se le dio por ver unas llamadas perdidas en su teléfono y entonces vio a un sujeto en moto con dos jovencitas. Pararon cerca suyo y pensó que se les había roto la moto, pero enseguida fue sorprendida por las dos chicas. ‘No fue una herida grave y hay que olvidar esto, pero ya no voy a andar más de noche’, dijo ayer, más tranquila.

