Una violenta patada que la arrojó contra algo (tal vez una pared) hasta estrellarse y rebotar. Esa teoría sostuvo ayer el médico neurocirujano Héctor Rodolfo Baños sobre la grave lesión cerebral que casi mató a Camila. A su entender, un desplazamiento de la masa encefálica y una brusca desaceleración, provocó la destrucción de una vena y desató una hemorragia casi letal. ‘No tenía fracturas en el cráneo u otra lesión de haber sufrido un golpe, por eso creo que eso fue lo que ocurrió y no una caída de un caballo u otra causa’, dijo. Según el profesional, cuando operaron a esa nena que tenía 8 años el 25 de octubre de 2013, le extrajeron un hematoma ‘del tamaño de una naranja, unos 70 u 80 centímetros cúbicos de sangre’. Y horas después supusieron que iba a morir, porque sufrió un infarto masivo de cerebro y quedó más grave aún. ‘Pensábamos que no iba a salir; pero nos equivocamos, por suerte’, aseguró. Hoy, Camila está recuperada casi por completo.

El testimonio de Baños ante los jueces de la Sala I de la Cámara Penal fue clave además porque se sumó al de otros colegas que describieron la ‘frialdad y el desinterés’ de su mamá, la docente Alejandra Ríos (39), que es juzgada junto a su expareja, Pedro Oris (36) como los autores de esa supuesta tentativa de homicidio y las lesiones de distinta evolución (en total fueron 43) que hallaron en el cuerpo de la niña.

Baños dijo que le pareció ‘fuera de lugar’ una suerte de ‘escandalete’ que hizo Ríos ante unos familiares, ‘dos o tres días después de la operación’. Y precisó que le llamó la atención el hecho de que la nena, en estado de coma, sufriera una crisis con taquicardia y baja de oxígeno sólo porque su mamá había entrado a la sala.

La jefa de pediatría del Cimyn, Patricia Nidia Delgado, fue más descriptiva aún. Ayer dijo que notaron reacciones negativas cada vez que la mamá entraba a verla, que por eso decidieron luego que entrara acompañada y finalmente, por orden judicial, le prohibieron el ingreso pues Camila ‘no hacía nada ni colaboraba’ en su terapia de recuperación. ‘Con su abuelita se sonrió’, ejemplificó.

‘Cuando la madre dejó de ir fue notorio cómo evolucionó’, dijo la profesional, quien aseguró haber escuchado varias veces a Ríos decir que su hija se había caído de un caballo. Esa versión la dio Ríos, pero luego aclaró que fue porque Oris la obligó, amenazándola con un arma.

Ayer también declaró otra médica del Cimyn, Marcia González, y coincidió, igual que sus colegas y las docentes Inés María Sebriano y Claudia Marcela Carbajal (directora y maestra de la escuela donde iba la nena) que Camila, antes del ataque, caminaba o se desplazaba normalmente. También lo reafirmó la psicóloga María Díaz Pastorelli. Eso quiso saber el fiscal Gustavo Manini, pues a Ríos le atribuyen haber dicho que la nena rengueaba y vivía lesionada a causa de un problema de cadera que arrastraba de más pequeña.

Las docentes también dijeron haber notado un hematoma en el rostro de la nena dos días antes de que fuera internada en grave estado. Y que esa vez la niña y el propio Oris, cuando llegó a buscarla, les dijeron que fue por haber caído de un caballo.

Para hoy, se esperan 6 testigos.