En su casa, a Gisela le vieron salir ayer en la tarde con algo de azúcar para ir a tomar mate. Supuestamente iba a la casa de su amiga Verónica, pero por alguna razón sus pasos terminaron en la casa de María, madre de su amiga y vecina de toda la vida en el Lote Hogar 43, en Chimbas. De ahí, Gisela Bazán no saldría viva: minutos después de entrar recibió un disparo que ingresó debajo de su mama derecha y quedó alojado en la zona de la columna. Tenía 16 años Gisela y trabajaba en un puesto que su tío Claudio tiene en la feria comunal de Capital.

El principal sospechoso del homicidio de esa jovencita (la segunda de cinco hermanos) es Andrés Trigo, un agente de la última camada de penitenciarios, de 35 años, padre de seis hijos que vivía con su mamá María luego de separarse de su mujer, precisaron fuentes del caso. Todo lleva a Trigo porque el disparo salió de su arma reglamentaria, una Ballester Molina calibre 11.25, secuestrada por policías de la Motorizada V, los primeros en llegar a su casa luego de que un hermano del penitenciario fuera a avisarles.

Ayer, la juez María Inés Rosselot (Quinto Juzgado de Instrucción) llegó al lugar con su secretario Eduardo Gallardo, para dirigir en persona la recolección de pruebas y la realización de pericias que serán claves para confirmar o no la versión del penitenciario de que todo fue un accidente.

¿Qué dijo el penitenciario? Según fuentes judiciales y policiales, Trigo dijo que se había bañado y cambiado para irse al trabajo. Que después de las 17 fue hasta el dormitorio de su mamá donde la mujer tomaba mate con Gisela. Que entonces sacó del ropero su arma reglamentaria. Y que cuando estaba por guardarla disparó sin querer porque no sabía que tenía bala en boca. Según la fuentes, también dijo que en principio suponían que Gisela se había desmayado de susto por el disparo y que por eso su mamá María salió a avisar a los familiares de la chica que fueran a verla por ese presunto problema de salud.

Sin embargo a los familiares de la víctima, la teoría del desmayo no les cerraba. La primera en llegar fue una hermana menor de Gisela, de 14 años, que entró y la vio tendida en la cama con los pies hacia el piso. Según la jovencita, ahí escuchó decir por teléfono al penitenciario que hablaba con alguien y le decía que había matado a su vecina. La versión del desmayo también fue escuchada por Roberto, tío de la víctima, que llegaba de su trabajo y cuando fue a ver -dijo- tampoco le cerró que su sobrina tuviera sangre en el pecho, con un trapo debajo de su remera y el cuerpo ya frío. "Para mí hay algo raro porque se demoraron bastante en avisarnos y encima nos hablaban de un desmayo cuando sabían que se habían mandado una c…", dijo ayer Roberto, indignado.

La demora en comunicar el hecho a la policía con la versión del accidente, era mirada de reojo por los pesquisas judiciales porque todo indica que el penitenciario habló primero con un abogado y recién entonces le dijo a su hermano (supuestamente se bañaba cuando ocurrió el homicidio) que fuera a avisarles a los policías de la Motorizada V, y ahí él describió los hechos como un accidente.

"¿Cómo puede ser que este tipo sea penitenciario si hace cinco o seis meses limpiaba acequias con un plan Jefes de Hogar? Ahí hubo una cuña o una manito política…", dijeron ayer los vecinos, indignados. Apenas levantaron el cuerpo, hubo una lluvia de piedras a la casa de los Trigo y un policía, el agente Diego Pereyra, debió ser atendido en el hospital porque recibió en una pierna uno de los proyectiles, dijeron fuentes policiales.