Ramona Montiveros se despertó por el inconfundible ruido del fuego devorando madera. Y cuando salió al fondo no dudó en sumar su ayuda a sus vecinos, los Páez, porque las llamas destruían todo en un depósito de esa familia. Lo que no esperaba Ramona ni nadie en esos momentos de desesperación, era que el fuego se propagaría por los techos de caña y madera, y se metería por la ventana de su dormitorio para destruir prácticamente todo en la casa de sus padres. Entonces tuvo que sacar de apuro a sus dos nenas, mientras sus papás también se ponían a salvo.

Instantes después, sobre las 5 de ayer, decenas de vecinos de esa cuadra en Cereceto y Las Heras, en el barrio Ferroviario, Capital, combatían esas enormes llamas hasta que llegaron los bomberos y controlaron todo. Pero entonces, los daños podían cuantificarse para cuatro familias. Así, el dueño del depósito donde comenzó todo, Celso Segundo Páez, perdió una moto, un juego de dormitorio, un ropero, una cómoda, un sillón, un freezer, una bicicleta fija, un lavarropas, una cama. Su hijo Celso perdió otra moto, una bicicleta valuada en unos $20.000. Y otro de sus hijos, se vio en aprietos para poder sacar, con ayuda de su parientes, su Ford Escort cuando era literalmente derretido por el intenso calor.

Pero los daños fueron mucho mayores en la casa de los Montiveros. Allí destruyó cuatro camas, cuatro televisores, tres roperos, una heladera, un freezer, un microondas, un horno eléctrico. Y, lo más grave, la propia casa y los medicamentos de sus padres: Isaías, de 71 años, que ya atravesó tres operaciones al corazón. Y Ramona Gómez (65) que cuatro meses atrás perdió el ojo izquierdo a causa de la presión ocular y el último jueves fue operada de su otro ojo para poder mejorar su visión.

Según los Páez, los policías les dijeron que alguien pudo iniciar el fuego, pero no creían en esa hipótesis: ‘toda la vida vivimos acá y nunca tuvimos problemas con nadie, para nosotros a lo mejor fue por un cortocircuito’, dijo Celso Páez.