El vendedor ambulante Leonardo Torres (34 años, alias ‘Gordo’, tres hijos) y Erwin Antonio Félix (23 años, un hijo) se conocían pero no tenían ningún problema. Hasta que el destino torció hacia el otro extremo esa relación a última hora del domingo 23 de diciembre de 2012 en el ingreso al Lote Hogar 43, en Chimbas. Esa noche, Torres vendía pirotecnia con su expareja y dos hijas de la mujer, cuando se produjo una discusión entre las mujeres de la casa con al menos una pareja (María Belén Leisa y Maximiliano Espejo) del barrio Parque Industrial. Ese cruce no terminó en una masacre de milagro, porque luego de un primer altercado, los rivales se fueron pero volvieron en motos y con tres sujetos armados, que dispararon sin importar que en la casa hubiera seis niños.
Aquella violenta balacera dejaría herida en su antebrazo derecho a la dueña de casa, Patricia Heredia, a su hija Carolina Torres bajo su rodilla izquierda. Y también a Leonardo Torres (34) en su pantorrilla derecha.
La versión policial es que Torres nada tenía que ver con ese problema. Y que pronto supo que el sujeto que pudo balearlo se llamaba Erwin Félix, amigo de los Espejo, y también ajeno a ese conflicto.
Formalmente nadie mencionó porqué hubo pelea, pero los pesquisas de la subcomisaría Cipolletti supieron que el trasfondo era un asunto de polleras que no involucraba ni a Félix ni a quien ahora se señala como su homicida.
Ese fue -dicen- el origen de la ‘bronca’ entre ambos, que registró otro hecho sospechoso: el incendio que el 26 de noviembre pasado destruyó dos autos y una moto en la casa que Torres comparte con su hermano César y la familia de este joven en el barrio Parque Industrial. Si bien en la Policía se habló de un accidente por uso indebido de pirotecnia, el propio Torres, tras ser detenido por policías de Homicidios el miércoles en la noche, también habría atribuido ese ataque a Erwin Félix.
En el entorno de Torres aseguran que el ‘Gordo’ estaba cansado de los supuestos embates de su rival. Y que por eso, el último domingo, paró en el acto el auto en el que iba con sus amigos Juan José Castillo y Mauricio Aballay, cuando le dijeron que Félix estaba en un almacén del Lote Hogar 38, en Chimbas.
Sin dudar -dicen- sacó una pistola calibre 44 debajo del asiento y sin mediar palabras le asestó cuatro balazos: dos balazos en la cadera, otro en un muslo y, el letal, por la espalda que dejó sin chances a Félix. Y a Torres sin su viejo rival, para siempre.

