La investigación por la muerte de un chico de 15 años que tocó un alambre con corriente en el fondo de una casa en Chimbas, tiene un sospechoso preso: el hijo de la dueña de la propiedad, un joven identificado en la Policía sólo por su apellido, Sabio, y su edad, 30 años. Según fuentes judiciales, el juez de Instrucción, Leopoldo Zavalla Pringles, sospecha que el detenido pudo tener alguna vinculación con la supuesta instalación de ese alambre, a pesar de que, informalmente, el joven habría dicho que su padre, fallecido hace 6 meses, pudo haber puesto esa línea acerada que, en la práctica, operaba como una protección contra intrusos.
Por ahora el detenido está sospechado de cometer el supuesto delito de homicidio culposo, un ilícito excarcelable que se configura cuando no se tiene intención de matar pero se provoca un resultado trágico por su negligencia, imprudencia o impericia.
De todos modos el caso podría desdoblarse: Zavalla Pringles investigaría la supuesta tentativa de robo contra la vivienda (delito de Instrucción) y pasaría el tema de la supuesta muerte culposa al juez correccional en turno, estimaron ayer en tribunales.
La víctima en cuestión fue Pablo González. Y alrededor de las 16 del miércoles murió en los fondos de la casa de los Sabio-Torrente en calle Díaz al 2.676, al Norte de Santa Cruz y pegada al barrio San Francisco, donde vivía la víctima, en Chimbas.
La sospecha de los policías de la Seccional 26ta. al mando del subcomisario Diego Rocha es que el chico pudo entrar con intenciones de robo y no a buscar una pelota que por descuido cayó en la propiedad, como sostienen sus familiares. Basan esta hipótesis en que no encontraron ninguna pelota en la escena de la muerte, y sobre todo en la existencia de indicios de un ataque a la casa: El portón de un galpón violentado en un extremo inferior como para que alguien entrara, una malla media sombra descolgada de su lugar en una pared y las marcas de violencia en una puerta doble hoja que también sirve para entrar al galpón y no pudo ser abierta porque detrás tenía una cama metálica a modo de traba, precisaron en la Policía.
Si bien en la Policía creen que fue más de uno el que ingresó con intenciones de robo, ayer no contaban con testigos para reforzar esta teoría.
Cuando el hecho se conoció, un grupo de vecinos, amigos y familiares atacaron a pedradas la casa y también a los policías que investigaban. Fue necesaria la intervención de Infantería y otras áreas policiales con gases lacrimógenos para disuadir a los manifestantes, que de todos modos arremetieron durante la noche con intenciones de quemar la casa.
Por eso fue que desde la Policía se dispuso una guardia en la casa, con fecha de retiro incierto.

