Por una moto, un hombre encañonado el viernes en Concepción, Capital, una persecución, un tiroteo, un sospechoso baleado y un arma, supuestamente policial, secuestrada a tres detenidos. Por una moto, el mismo día, dos sospechosos más cayeron tras una persecución en Rivadavia luego de ser sorprendidos por el dueño y abortar la maniobra. Por una moto, algo mucho más grave, un crimen: el jachallero Jesús "El Zurdo" Ormeño (46) quiso evitar que le robaran su Yamaha 110cc. en Rawson el último lunes, y recibió un balazo en el pecho que terminó con sus días. Estos tres casos en menos de una semana son apenas una muestra de una realidad indisimulable: la ola creciente de robos y el mercado negro de las motos. Que tiene múltiples utilidades: van a desarmaderos y son revendidas por partes o son usadas para cometer otros delitos, como arrebatos o asaltos, porque permiten escabullirse rápido en lugares poblados o transitados. En menor medida, otra porción va a parar a departamentos alejados, donde suelen ser vendidas a incautos sin papeles, dijeron fuentes policiales.
Oficialmente nunca se divulgaron cifras sobre el aumento del robo de motos. Pero como el asunto se desbordó con el crimen de Ormeño, desde la Policía salieron a decir que intensificaron los controles contra ese mercado negro, en talleres, en desarmaderos, en las calles con operativos de tránsito, precisaron altos jefes policiales.
Los investigadores aseguran que en la génesis del problema hay otras dos variantes a tener en cuenta: la facilidad con la que se consigue una moto en el mercado legal (con mínimos requisitos y en cuotas) y la modalidad de distracción empleada por los delincuentes para robarlas y tratar de impedir que los encuentren rápido. Así van de punta a otra (de Chimbas a Rawson o Pocito y viceversa) para robar, y muchas veces es así ya que por la erradicación de villas quienes vivían en el Norte del Gran San Juan pasaron al Sur y eso les da un conocimiento doble de las zonas donde atacar, precisaron los pesquisas.
Un ejemplo claro fue el caso Ormeño, en el que los dos sospechosos apresados, de 19 años, son de Chimbas. Y en su modus operandi se detectó que no era la primera vez que se tomaban dos micros para llegar a Rawson y caminar por las veredas del departamento en busca de algún incauto que dejara su moto con las llaves puestas para robársela. El objetivo: venderla a un reducidor, al menos eso se sospecha tras el hallazgo de la Yamaha de Ormeño en poder de un sujeto de apellido Bustos, en el barrio La Capilla, en Concepción, Capital.
Por eso es que ahora se intensificaron los controles. En la Policía tienen la esperanza de que al meter presión en una de las patas o principales eslabones de la cadena, el reducidor, se quitará a los delincuentes por lo menos una posibilidad de reducir su botín y así intentar bajar el índice de delitos.

