Fue un ataque inesperado en una casucha en el medio del campo y al caer la noche. Don Gerardo Barboza vio venir a esos tres jóvenes y pensó que andaban caminando por la zona. Los saludó, y ellos le pidieron agua. Como buen gaucho no se negó, pero bastó que se diera vuelta para que la situación cambiara drásticamente. Primero fue un revólver, después un cuchillo tipo machete. A los minutos vinieron los cachetazos, patadas, y más tarde el intento de asfixiarlo, degollarlo o arrancarle una oreja. Como muestra de que no bromeaban, empezaron por cortarle el cabello. Los ladrones tuvieron una hora al pobre puestero atado a una silla y torturándolo dentro de su rancho en las afueras de Carpintería, hasta que confesó dónde tenía su dinero. Eran 3.500 pesos, lo que no conformó a la banda que emprendió la retirada llevándose también tres chanchas, cuatro lechones, una escopeta, algunos cueros y otras cosas del puesto situado en medio de la nada.
El feroz ataque del domingo a la noche contra Gerardo Santos Barboza (66) olía a una "entregada" y a la obra de una banda de cuatreros. No fue casual que hayan ido a ese precario rancho en la casi inhóspita zona de calle Alfonso XIII, cerca de la 18. El puestero hacía dos semanas que había vendido tres camionadas de guano.
Barboza, que vive solo y se dedica a la cría de cabras y chanchos, había visto un auto blanco similar a un Peugeot 504 a lo lejos, pero no le prestó importancia. Pasado un rato, a eso de las 21, aparecieron esos tres sujetos que le pidieron agua. Cuando el puestero les dio la espalda, lo agarraron y le pusieron un revólver en la cabeza. "Esto es un asalto, me dijeron. Me llevaron a los empujones y cachetazos. Uno me mostró un cuchillo grande. La plata, la plata, me gritaban, y yo no decía nada", relató.
Los delincuentes lo metieron a su rancho y lo hicieron sentar en una silla para amarrarlo con cables. Ahí empezó lo más terrible. Volvieron a pegarle, le pusieron una bolsa en la cabeza y lo dejaron sin aire por unos segundos. Después lo tiraron al suelo y le dieron unas patadas en el cuerpo, explicó.
Barboza no aflojaba. Entonces le echaron agua y comenzaron a pasarle el cuchillo por el cuello y la cara. Para asustarlo aún más, le cortaron parte del cabello. "Decían que iban degollarme o sacarme una oreja si no entregaba la plata. "Yo pensé: estos me matan, así que los llevé adonde guardaba la plata", relató el puestero. El mismo les entregó los 3.500 pesos que tenía. Los delincuentes querían más, de modo que uno se quedó vigilando a Barboza y los otros fueron buscar cosas de valor. Del rancho sustrajeron rastras y otros elementos para montar, también 6 kilos de cuero, una escopeta y una soldadora. De los corrales sacaron 3 chanchas -de 150 kilos cada una- y 4 lechones. Algunos de los animales fueron sacrificados para cargarlos en un vehículo. Todo eso duró algo de una hora y la banda escapó dejando a Barboza atado dentro de su rancho.
