Los jueces de la Sala I de la Cámara Penal sorprendieron ayer con un fallo que condenó a 4 años y 8 meses de prisión al remisero Pablo Cuenca, quien asesinó de un disparo en el abdomen a su pasajero, Víctor Peñaloza (41), tras una discusión durante un viaje en su coche la madrugada del 29 de julio de 2012. El tribunal calificó el caso como un homicidio simple agravado por el uso de arma con exceso en la legítima defensa y, si bien los fundamentos de la sentencia se conocerán el 3 de julio, terminó por dar crédito a la versión del acusado que cargó toda la responsabilidad en el ahora fallecido. Es que en su relato aseguró que fue la víctima quien lo agredió, que lo amenazó con un arma y que el disparo que le dio muerte se produjo en un forcejeo, siendo que los pocos testimonios que existen señalaban lo contrario.

‘Pensé que me iba a mi casa’, alcanzó a decir disconforme Pablo Mauricio Cuenca (41). Aunque algunos de sus familiares lloraron tras lo que consideraron un fallo adverso, lo cierto es que, de quedar firme la sentencia, el remisero podría empezar a salir del Penal en pocos meses. Y es que lleva casi dos años preso. El abogado Félix Herrero Martín, el defensor, era el más satisfecho: él había pedido la absolución o una pena menor entendiendo que a lo sumo hubo exceso en la legítima defensa, tal como finalmente sucedió. De esa forma, el veredicto de los jueces Silvia Peña Sansó de Ruiz, Juan Carlos Caballero y Raúl Iglesias estuvo lejos de lo que había pedido fiscal Gustavo Manini, quien solicitaba 16 años de prisión para Cuenca por el delito homicidio simple agravado por el uso de arma.

El asesinato ocurrió después de que Peñaloza tomó el remís de Cuenca para trasladarse de Capital a Rawson. Fue en ese trayecto que discutieron y al llegar a destino, en calle República del Líbano 580 Oeste, ocurrió el crimen. Hay una testigo que, pese que cayó en contradicciones, afirmó que vio cuando Cuenca efectuó el disparo contra Peñaloza a cierta distancia y no en una pelea. Sin embargo, el remisero sostuvo que se defendió, que el arma era de la víctima y que éste se disparó solo en el forcejeo. Una pericia demostró que el fallecido no tenía rastros de haber disparado un revólver, además el arma nunca apareció. Esa noche, Cuenca escapó en el auto y permaneció dos días prófugo.