Un oficial penitenciario con el ojo izquierdo complicado por supuestas esquirlas de balas de goma, y un reo con un puntazo en la espalda y el antebrazo izquierdo fracturado, fueron los más graves de los siete lesionados (los otros cinco son internos) que dejó como saldo el mayor motín en la gestión del comisario general (RE) Abenamar Avila: desde que asumió en el Penal de Chimbas, en febrero de 2004, hasta el viernes, sólo se habían registrado pequeñas revueltas y peleas entre presos. Oficialmente se dijo ayer que lo más caliente del motín ocurrió entre las 21,30 y la última hora del viernes, cuando dos "ranchadas" rivales se enfrentaron en el pabellón II (se plegó el pabellón IV pero con ruidos y lanzando escombros a los guardias), provocaron destrozos y quemaron la mayoría de los 84 colchones de los internos de ese lugar. El incendio no causó consecuencias graves por una previsión del mismo Avila apenas asumió: la compra de colchones ignífugos, que tardan en quemarse y cuando lo hacen "no despiden humo tóxico", como los de gomaespuma, explicó ayer Avila.

De todos modos, tanto Avila como el ministro de Gobierno, Emilio Fernández, estaban satisfechos con la solución del conflicto y sus resultados: "Los lesionados están fuera de peligro y las visitas no se suspendieron", dijo Fernández, quien negó que los reos se amotinaran para fugarse. "Hubo reclamos, pero por las causas judiciales de los internos", dijo.

¿Por qué el motín? Avila explicó que todo pareció originarse en un ataque al conocido Martín Silva (25). A las 13,30 del viernes, sufrió un puntazo y una fractura en un brazo tras una pelea con al menos otro preso a causa de una mujer. Luego golpearon a dos chilenos (padre de hijo) en supuesta represalia por lo de Silva, y enseguida se armó una pelea de proporciones, que obligó a controlarlos con balas de goma y convocó a jefes policiales, a Fernández y a la juez Margarita Camus. A las 3 de ayer, todo estaba controlado.