Un poco más de 1,60 de estatura, cabello corto, morocho, de cuerpo atlético, mirada fija. Los policías dicen que cuando cae, parece un carcelero viejo: nada de hacerse el simpático ni mendigar favores, se mantiene serio y habla lo necesario. Pero ese perfil calabocero se distancia bastante de cuando está en la calle y roba. Allí, este chico de 16 años, de apellido Gamboa, es alguien muy peligroso. Al punto de que en los últimos dos meses casi mató a cuchillazos a dos mujeres: una estudiante universitaria y una trabajadora, madre de 4 hijos, vieron peligrar sus vidas por resistirse a que les roben; un celular a la joven y una cartera con $300 a la mujer. ¿Por qué la violencia? Serios problemas con las drogas y falta de contención en su propia casa, algo considerado previsible por los policías pues -dicen- sus padres también tienen antecedentes por robar. Esos papás, sin embargo, parecen querer torcer el peligroso rumbo que toma la vida de su hijo. El jueves a la noche, policías de Robos y Hurtos lo apresaron en Córdoba y Sarmiento, Capital, cuando su madre lo llevaba para entregarlo en la Central de Policía. Así se descomprimía una situación tensa, pues vecinos del barrio Hualilán, Rawson, habían reclamado en la Seccional 25ta por el brutal ataque que, el sábado pasado, terminó con Gabriela Analía Luna (39, madre de 4 hijos) con dos puntazos y un pulmón perforado cuando esperaba el micro para ir a trabajar. Ese día, Gamboa la atacó en una moto que le robó un rato antes a un vecino. El otro ataque fue el mediodía del 14 de junio último en la plaza del barrio República del Líbano, Rawson. Esa vez, la campera de Araceli Ortiz (20) frenó 3 puntazos en la espalda, pero dio su celular cuando recibió otro en la ingle izquierda y quedó bañada en sangre. Por ese hecho Gamboa cayó, pero por ser menor había sido liberado.
