El juez José Atenágoras Vega (Sala II, Cámara Penal) condenó a 10 años y 6 meses de cárcel al changarín L.J.R. (48) por abusar de su hija entre los 11 y los 14 años, y también por corromperla mostrándole pornografía y sus fotos manteniendo sexo con su joven novia de 19 años. El acusado había confesado esos delitos y había aceptado esa pena en un juicio abreviado, que acordó a través de su defensora oficial, Mónica Sefair, con la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós, dijeron fuentes judiciales.
Todo comenzó cuando su madre se separó del acusado cansada de sus malos tratos y sus pervertidas prácticas sexuales. Entonces los cuatro hijos de la pareja se quedaron con el padre y su abuela paterna, pues su madre no tenía un techo para cobijarlos.
Ahí empezarían problemas mucho más graves. Según el expediente, la mujer fue obligada a pagar con sexo para ver a sus chicos y al cabo de tres años de separación y angustia, supo de una revelación más dolorosa: la mayor de sus hijos le contó que durante ese tiempo, su padre la manoseó e intentó violarla cada vez que sus hermanos dormían o su abuela no estaba. Ese relato también fue conocido por el novio de la chica, luego de un primer intento de revelarle todo a su abuela, quien no le creyó.
Las recurrentes maniobras del sospechoso incluían un franco intento por hacerle ver que no había nada de incorrecto en su proceder, mostrándole pornografía o las fotos que él se sacaba cuando tenía sexo con su novia de 19 años. Y siempre se aseguraba el silencio de su hija, a golpes.
Cuando el caso se denunció, en noviembre de 2012, las pericias psicológicas confirmaron enseguida que la chica no mentía y que presentaba claros signos de haber sido abusada.
Esa y otras pruebas comprometedoras sirvieron para que el changarín llegara a juicio, acusado del abuso gravemente ultrajante y la corrupción sexual de su propia hija, pues se entendió que sus actos sirvieron para torcer el sano sentido del sexo en la niña.

