Las 12 vainas calibre 22 estaban en un jardín del ingreso a la casa del barrio Aramburu, Rivadavia, de Encarnación Crespo, justo el escenario donde su hijo Alejandro Rodríguez (38) sufrió aquel letal segundo ataque a tiros delante de su pequeño hijo, que al final se lo llevó a la tumba en la madrugada del 10 de abril de 2007; esa vez uno de tres disparos con un arma 9mm. le atravesó el cuerpo y no tuvo escapatoria. Sin embargo el hallazgo y sus posibles interpretaciones desataron una polémica entre familiares de la víctima y la policía.

Un hermano de Rodríguez, Juan Carlos, se mostró sorprendido de que el custodio que tiene su mamá las 24 horas del día, no halla visto las vainas y de que -dijo- las levantaran sin hacer pericias por "la gravedad" del hecho: "En la policía lo tomaron muy liviano, pero esto es un claro mensaje mafioso, como que nos quieren decir que en cualquier momento sigue uno de nosotros, porque nosotros estamos detrás de un montón de cosas que no hace la policía", disparó Rodríguez, molesto.

En la policía dicen en cambio que se respetó a rajatablas el procedimiento, que aunque no se hicieron fotos se concretó una inspección ocular, se labró un acta y se mandó el material para hacer las pericias a Criminalística. Y creen que la presencia de esas vainas puede tener múltiples orígenes: "El custodio no vio quien pudo arrojarlas, porque se mueve por el lugar. Pudo ser un niño, un vecino de un piso superior el que las tiró, o cualquiera. El caso se investiga pero por ahora no tenemos elementos para suponer que se trata de una maniobra intimidatoria", retrucó un jefe policial ligado a la investigación. El hallazgo de las vainas fue dado a conocer por el entorno de la familia Rodríguez el jueves, pero se produjo el martes cerca de las 14.

Alejandro Rodríguez se había salvado de milagro de morir baleado en la madrugada del 17 de febrero de 2007, cuando llegaba con su pequeño hijo (por entonces de 6 años) a su casa en el barrio Bardiani, en Trinidad, Capital. Esa vez un sujeto en moto alcanzó a herirlo en su brazo y pierna izquierdos, pero no cumplió su cometido.

Entonces Rodríguez empezó a ser custodiado y se trasladó a la casa de su madre. Pero en los primeros minutos del 10 de abril siguiente, después de despedirse de su custodio, llegaba otra vez a la casa de su madre con su hijo y no pudo sortear su tragedia: un sujeto le lanzó tres disparos y uno de ellos le perforó el pecho mortalmente.

Desde aquella vez muchas hipótesis se tejieron hasta que empezó a perfilarse la de un presunto ataque con matices pasionales (la hipótesis de los familiares), que podría involucrar a un abogado y a su esposa. Pero hasta la fecha, nada hay de certero con esa línea de investigación y el caso sigue envuelto en suposiciones, y aún impune.