Para la fiscal de Cámara Leticia Ferrón de Rago no quedaron dudas: el empresario José Antonio Aranda (43) obligó a una joven a que le practicara sexo oral amenazándola con una navaja y una pistola, para luego huir robándole su teléfono celular. Por eso pidió ayer al juez Eugenio Barbera (Sala III, Cámara Penal), que lo condene a 17 años de cárcel. El abogado de la víctima, Pablo Martín, adhirió al planteo de la fiscalía, dijeron fuentes judiciales.

Todo pasó en pleno mediodía del 26 de diciembre de 2008 en Rivadavia, cuando la chica, entonces de 17 años, volvía a su casa luego de comprar curitas en una farmacia cercana. Fue ahí que un sujeto la sorprendió preguntándole la dirección de una escuela en el barrio Centinela, Rivadavia, y cuando se la dio, sacó un cuchillo y una pistola para llevarla a la vereda de una casa abandonada.

En su alegato, la fiscal trató de ‘pervertido sexual’ a Aranda (es socio en una empresa de transporte, fue proveedor del Estado), y consideró probado que ‘acechaba con perversidad y sin límites a sus víctimas’. También agravó la calificación de los delitos que le imputaban: así, entendió que la práctica de sexo oral es equiparable al acceso carnal y no sólo un hecho gravemente ultrajante. Y que el uso de un cuchillo es un agravante del robo por el uso de arma impropia, más allá de que no haya podido probar la aptitud para el disparo del arma de fuego.

En cambio, el abogado de Aranda, Rolando Lozano, pidió la absolución, lisa y llana. Según las fuentes, dijo que el reconocimiento en fotos es nulo porque en la Policía ‘indujeron’ a la denunciante a señalar a su cliente, cuando ella dudaba entre Aranda y otro sujeto. También remarcó que la descripción de la joven sobre los genitales del abusador no coincide con los de su cliente.

Si el juez acepta el pedido de pena, será la segunda condena contra Aranda: en diciembre pasado le dieron 3 años y 2 meses de cárcel por golpear, manosear e intentar robar a una mujer en su casa del barrio Chacabuco, Capital, el 19 de noviembre de 2009.