Eran las 9.30 de ayer cuando Mónica Cuello, una empleada doméstica de 47 años que padece reumatismo, salió a trabajar y dejó la chimenea a leña encendida por dos motivos: abrigar del intenso frío a su familia que dormía y para que cuando se levantara una de sus hijas tuviera dónde poner agua para preparar el desayuno ya que no tenían gas. Pero esa acción le salió muy cara a la mujer y casi termina perdiendo todas sus cosas a raíz de un incendio. Aparentemente, un leño encendido cayó y alcanzó un mueble. En segundos, las llamas cobraron fuerza y destruyeron todas las cosas que había en el comedor. Muebles, ropa y aparatos quedaron destruidos por las llamas.
El de ayer, no fue el primer incendio que ocurre en una casa por querer resguardarse de intenso frío. Hubo al menos otros tres casos similares (ver aparte) este año. Cuello contó que vive en esa casa de adobe, cañas y palos con su marido Carlos Tejada (albañil desocupado), sus hijos Marcelo (25), Yésica (22), Carla (18), Johana (17) y Gimena (6), quien padece de asma, y sus dos nietas, de 5 años y una beba de 8 meses.
"No se consiguen garrafas y tampoco tengo plata para comprar una. Y como una de mis hijas tenía que ir a buscarme unos estudios en el médico, dejé prendida la chimenea", contó entre lágrimas Cuello.
Al parecer, un leño se cayó y alcanzó el mueble donde estaba el televisor. En ese momento, el jefe de hogar se despertó por el humo y sacó rápidamente a sus hijos y sus nietas. Las llamas se propagaron rápidamente por el comedor y destruyeron el TV, un aparador, una heladera, una cocina, una mesa, sillas, un DVD, ropa y documentos, aseguró la mujer.
Algunos vecinos llegaron a combatir las llamas y luego, una dotación de Bomberos, al mando del oficial subinspector Néstor Riveros, lograron controlar el dañino siniestro antes de que se propagara por el resto de la casa, dijeron en la Policía.

