El dolor físico es lo que menos preocupa a Gustavo Reynoso, la bronca y la impotencia en cambio lo tienen obsesionado con la venganza. ‘Que se cuide ese tipo, porque lo voy a matar cuando salga del hospital’, afirma sin rodeos ese obrero municipal que fue atropellado junto a su mujer y sus tres nenes por un automovilista en aparente estado de ebriedad, el domingo último en Chimbas. Desde una cama del hospital, Reynoso dio su desgarrador testimonio sobre el accidente que dejó grave a dos de sus hijos, uno de los cuales aún permanece en terapia intensiva.

Lo que se supo es que Lionel (4), quien sufrió heridas en la cabeza, mostró una mejoría y ya fue retirado de terapia intermedia. Y que su hermana Brenda (3), que tiene fracturas en la cadera y en ambas piernas, heridas en la cabeza y lesiones en el tórax y abdomen, también estaría evolucionando bien. ‘Ya me llama. Y me pide la revista de Violetta’, contó su mamá Yohana Pereyra, quien se salvó por centímetros, con su bebé de 1 año, de ser arrollados por ese Renault 12 que perdió la dirección en la esquina de 25 de Mayo y Tacuarí, Chimbas. La familia esperaba el micro. Ese auto era guiado por Rodolfo Ramírez, que volvía de una fiesta y parecía estar ebrio, según la Policía y testigos. Hasta ayer no presentaba la documentación del rodado ni el seguro.

Los que más sufrieron la embestida fueron Lionel, Brenda y su papá Gustavo Reynoso, que terminó con múltiples fracturas. ‘Mi mujer me gritó que se nos venía el auto y, cuando me di vuelta para agarrar a los niños (por Brenda y Lionel), sentí que me golpeó. Me despidió como a 20 metros. Y se llevó a los chicos por delante. Después vi a mi nena tiritando en la calle. Mi mirada se quedó con ellos. Los veía y quería ayudarlos, quería sacar fuerzas de donde no tenía para estar con ellos, pero no podía moverme por las quebraduras’, relató Gustavo muy conmovido.

El hombre dijo que tiene un contrato por $1.800 en el municipio de Santa Lucía y teme perder ese trabajo. ‘No puedo moverme y corro el riesgo de perder el trabajo. Es lo único que tenía para mantener a mi familia, además de las changas. Si el domingo nos íbamos a Caucete porque teníamos que vender empanadas’, aseguró. Con respecto al automovilista, tiene una idea fija: ‘Que se cuide porque lo voy a matar cuando salga del hospital. Y quiero que, cuando haga eso, la Justicia no actúe en contra mía. Imagínense, ¿cómo puedo sentirme? Estas personas andan alcoholizadas y no saben lo que hacen; en cambio yo, ahora tengo a toda mi familia que está sufriendo’. dijo.