La desgracia mezcló dos inesperadas e infortunadas coincidencias: porque ni Antonio Ochoa (39) ni su hijo de 15 años vieron a la pequeña detrás de ellos cuando llegaban a destino con el palo que acarreaban para hacer una ramada. Y porque al arrojarlo al piso nunca imaginaron que el poste rebotaría y se volvería contra ellos.

El mismo Antonio recordó ayer que recién cayó en la cuenta de la presencia de su pequeña Martina (1 año y 5 meses), cuando ese palo le golpeó la pierna a él y enseguida notó cómo su beba, ubicada detrás de su hijo, salía despedida como un metro tras ser golpeada en la cabeza.

Lo curioso fue que la nena no lloró y siguió como si nada. Pero minutos después, empezó a perder el conocimiento y hubo que salir a toda carrera hasta la Seccional 11ma con la criatura en busca de ayuda. Allí, esperaron a la ambulancia pero como demoraba en llegar, cargaron a la beba en un patrullero y salieron rápidamente hasta el Hospital Rawson. En pleno viaje se toparon con la ambulancia y realizaron el transbordo, pero todo esfuerzo resultó inútil: la criatura llegó sin vida al nosocomio alrededor de las 15.

"Ella era muy inquieta pero jamás la vimos, no sé de dónde salió. Nos dimos cuenta cuando la golpeó el palo, pero parecía que no le había pasado nada porque no lloró y quedó sentada, hasta que comenzó a descomponerse… era la regalona de todos… qué desgracia Dios mío’, dijo ayer Antonio con los ojos mojados de llanto.

Todo pasó alrededor de las 14,15 en una humilde vivienda de calle Beguerí, entre Bilbao y Oratorio, en las afueras del departamento 9 de Julio. Allí, vive Ochoa, que es empleado muncipal, su señora y sus hijos: dos varones de 18 y 15 años, y la pequeña Martina, que se sumó a la familia cuando nadie la esperaba y se convirtió en el centro de todo.

Ochoa explicó que luego de llegar del trabajo y almorzar, se puso a seguir con la construcción de una ramada para sus conejos en el fondo de su casa. Y que, por lo inquieta que es su hija, cada palo acarreado era atado en el acto.