Habitualmente, el imputado de un delito es juzgado y recibe sentencia en un ‘plazo razonable’: a lo sumo 3 años después de la denuncia del hecho. Pero en el caso del exsacerdote y exdiputado provincial por el bloquismo, Juan Carlos Icazatti y su mujer, de 42 años, los tiempos se estiraron tanto que hoy, 8 años después, el escándalo sexual que los involucró (la corrupción sexual de la hija de la mujer) llegará a su fin, pero en condiciones muy distintas. Porque el principal acusado ya no estará en el banquillo (nunca estuvo preso y murió a los 77 años en diciembre pasado, mentalmente insano). Porque dos de los jueces que debían juzgarlo se jubilaron. Y porque la víctima, esa jovencita que tenía 15 años y en mayo de 2007 escapó de la casa del político para animarse a delatar que tanto él como su propia madre la sometían a aberrantes prácticas sexuales, en el juicio cambió su versión con la clara intención de desligar a su madre, dijeron fuentes judiciales.

La víctima declaró que su progenitora no tuvo nada que ver, pero la contradicen múltiples informes psicológicos que detectaron en su persona los daños psíquicos de corruptores actos sexuales. Es más, al menos uno de esos informes habla de la imputada es una ‘depravada’, indicaron.

El próximo miércoles, en los alegatos, los fiscales José Eduardo Mallea y Ana Lía Larrea, decidirán si sostienen o no la grave acusación contra la madre de la denunciante que ya tiene 2 hijos y muchas veces los deja al cuidado de la acusada, aseguraron.

Le atribuyen corrupción de menores agravada por el vínculo, con penas de entre 10 y 20 años de cárcel. Mirar películas pornográficas, a los adultos manteniendo sexo o bañarse desnudos los tres juntos, son algunas de las maniobras que la denunciante atribuía en su adolescencia a la pareja.

En la otra vereda, el defensor Miguel Dávila Safe insistirá en la inocencia de su clienta. Los jueces Eugenio Barbera, Eduardo Gil y el subrogante Ernesto Kerman, decidirán cómo termina el escandaloso caso.