El pico más violento que marcó la seguidilla de ultrajes sexuales ocurrió justo el día en que su pareja iba a dar a luz a un hijo suyo. No tuvo contemplaciones: sabedor de que su señora estaba en el hospital, llevó a su hijastra de 11 años a su dormitorio y la violó. Fue el atropello más grave de esos vejámenes que habían comenzado con manoseos. Pero al cabo de 9 meses no sólo esa niña podía contarse entre las víctimas: su hermana menor, de apenas 7 años, también caía en la aberrante trama, que varias veces incluía a ambas en un atormentador trío. Si se resistían, eran insultadas y golpeadas.
Al llegar a juicio el changarín no tuvo salida. Confesó, acorralado por la contundente evidencia en su contra, como los informes médicos sobre los daños físicos sufridos por las víctimas. Y las conclusiones de los psicólogos, que describen en ellas las conductas propias de un niño abusado. Y a él lo muestran como alguien con rasgos psicopáticos (no siente culpa ni se arrepiente), soberbio y con sentimientos de omnipotencia, dijeron fuentes judiciales.
Por eso fue que en lugar de defenderse en un juicio común, aceptó un acuerdo de proceso abreviado en el que, a cambio de una rebaja de pena, admitió su responsabilidad y también una condena de 10 años de cárcel. Ese acuerdo se celebró entre el sospechoso, Daniel Angel López (36), su defensor oficial Carlos Reiloba y la fiscal de Cámara Penal Alicia Esquivel Puiggrós.
Cuando el juez José Atenágoras Vega (Sala II, Cámara Penal) aceptó el acuerdo, aplicó la misma pena y por los mismos delitos confesados por López, indicaron.
Todo estalló la tarde del 25 de mayo de 2014, en Chimbas. Fue después de que la madre de las niñas saliera a visitar a una comadre para hacerle una torta a uno de sus hijos. Entonces, el condenado repitió sus maniobras de siempre: mandó a jugar a otros hermanos y se encerró con las nenas, pero esa tarde un hermano de las pequeñas estropearía sus planes.
Ese niño, entonces de 12 años, estaba al tanto de lo que venía ocurriendo porque las nenas le habían contado a él lo que les hacía su padrastro y no a su madre, pues temían que no les creyera. La mujer llevaba 3 años de relación y confiaba en ese sujeto, al que se unió cuando quedó viuda.
Al ver el alarmante encierro, el chico golpeó la puerta pero nadie le abrió.
Entonces se asomó por una ventana, vio a su padrastro manoseando a sus hermanitas y no lo dudó: llamó en el acto a la Policía. Esa misma tarde, López quedaba detenido. Luego, en su indagatoria, negó todo y se defendió diciendo que la denuncia era una venganza en su contra porque las niñas eran rebeldes y él sólo les ponía límites. Las pruebas sin embargo se encargaron de derribar ese simple intento defensivo. Ahora, deberá pasar varios años en la cárcel.

