Para los jueces Diego Manuel Sanz, Matías Parrón y Eugenio Barbera, no hubo dudas: un metalúrgico de 42 años atacó sexualmente a su sobrina entre los 8 y los 15 años, y por eso lo condenaron a 12 años, cinco menos de lo que pedía Fiscalía. El tribunal le atribuyó los delitos de abuso sexual y corrupción de menores (ambos agravados), los mismos que el fiscal Eduardo Gallastegui (UFI Anivi) consideró acreditados. Tanto Fiscalía como el tribunal entendieron que el acceso carnal existió (una médica aseguró que pudo existir ‘coito vestibular’), a pesar que la niña no presentaba las lesiones. Otra prueba que para Fiscalía daba crédito a esas agresiones fue el relato de la menor, calificado como altamente creíble por psicólogos.
Vanesa De Dax, la defensora, no quedó conforme. Buscaba la absolución de su cliente. En su opinión, la inexistencia de lesiones probó que no hubo ni una de las violaciones que la chica dijo sufrir. Además, sostuvo que la menor presentaba una serie de conflictos en su familia (violencia doméstica), experiencias sexuales con otra jovencita y un supuesto enamoramiento hacia su tío, que sembraban la duda sobre los delitos sexuales. Ayer, anticipó que impugnará el fallo. El acusado había sido denunciado el 1 de febrero pasado.
