Hasta hace unos días, la vida de Yolanda Romero (56 años, tiene 7 hijos y recibe una pensión) y su familia era normal. La mujer es ama de casa y uno de los pilares de su casa situada en Capital. Junto a su marido mantienen a tres de sus siete hijos que aún viven bajo el mismo techo: Romina (20 años, tiene una pasantía), Fernanda P. (16 años, repitió de año y dejó la escuela) y Carlos (12), el más chico de la familia. La rutina en esa casa era casi como la de cualquier familia. Yolanda se levantaba detrás de su esposo, quien trabaja 15 horas diarias en una panadería de Santa Lucía, para realizar los quehaceres del hogar y prepararles el desayuno a sus hijos cuando se levantan. Luego de tomarse unos mates, salía a comprar el almuerzo. Eso sí, siempre dejaba a cargo a Romina para que controlara todo hasta que regresara. La familia es muy humilde, a tal punto que la plata sólo les alcanza para la comida. ‘Ni para vestirnos alcanza, sólo compro lo que hace falta. Y cuando se le rompe el calzado a mis hijos, se lo llevo al zapatero para que lo arregle’, cuenta Romero.
Pero la rutina de esa familia cambió de golpe el último miércoles. Fue después de que Fernanda fuera atacada por dos sujetos en una camioneta. Esos desconocidos la golpearon, la desmayaron y luego la metieron al rodado para violarla. A partir de allí, el miedo y la sensación de que esos desconocidos regresaran a hacerles más daño, se apoderaron de esa humilde mujer y sus familiares.
Yolanda Romero dice que ahora teme por la seguridad de los su familia y la idea de que los secuestradores regresen, la perturba a tal punto que no quiere salir sola a la calle. Tampoco deja solos a sus chicos ni a sus tres nietitos (hijos de otros dos hijos que comparten su casa). ‘Llevábamos una vida normal hasta que nos pasó esto. Juro que pensé que a mi hija no la iba a ver más con vida’, cuenta la mujer, quien desde hace 9 años lucha contra un cáncer que por estos meses le impide caminar con normalidad o estar parada mucho tiempo.
El miércoles pasado, Yolanda tenía que asistir a una reunión del Polo Obrero, movimiento al que pertenece, para enterarse de las novedades sobre la vivienda que podría recibir más adelante. Ese es el sueño de la mujer porque quiere dejar ese terreno que le presta un conocido desde hace 6 años.
Fernanda fue la primera en bañarse y cuando estuvo lista, se fue con su celular a la puerta a esperar que su madre calentara agua en la cocina y se aseara. La chica iba a acompañar a su madre a la reunión, pero nada de eso pasó. De la esquina aparecieron dos hombres de unos 50 años a bordo de una camioneta que se detuvieron cerca de ella. El acompañante le dijo un piropo subido de tono a la jovencita y ella se paró y les dio la espalda. Allí, uno de los sujetos se bajó y la raptó. A todo esto, nadie vio nada. Dos horas después, Fernanda fue abandonada cerca de su casa, golpeada y violada.
‘Siempre he cuidado a mis hijos, los he sobreprotegido. Mi hija y nosotros tenemos mucho miedo, no vivimos tranquilos. Ojalá nos salga pronto la casa para irnos de acá’, dijo Yolanda Romero.

