San Juan, 18 de julio.- La vida de Rubén Elizondo, el penitenciario asesinado ayer por dos malvivientes, no fue fácil y atravesó un terrible capítulo allá por abril de 1991 cuando su madre y amante mandaron a matar a su padre. El hombre apareció incinerado y atado con alambres al volante y asiento de una camioneta en la zona del Quinto Cuartel, en Pocito.

Allegados al hombre relataron que Rubén visitó siempre a su mamá mientras estuvo detenida en el Penal de Chimbas y tras su liberación, hace sólo algunos años atrás, la alojó en su casa.

El crimen de Oscar Elizondo, quien se dedicaba a la compra-venta de aceitunas, generó conmoción por su violencia, y después por el entramado de su planificación y ejecución. La Justicia descubrió que fue su esposa, María Funes, y su amante quienes planificaron el asesinato y enviaron a un tercero, Alejandro Camacho, a realizarlo.

Durante el juicio la mujer, quien fue detenida en pleno velorio de su marido, afirmó que era víctima de malos tratos y que su esposo era alcohólico. Sin embargo, ella y su amante, con quien actualmente está en pareja, fueron condenados a cadena perpetua. Hace algunos años recuperó la libertad y volvió a vivir con Rubén.