Reinaldo Ariel Molina tenía 30 años, alteraciones mentales y serios problemas por el consumo de alcohol. Murió el pasado 1 de enero a causa de una hemorragia por un severo golpe en la cabeza, que sufrió en un lapso no mayor a 48 horas, previas a su deceso. Y el médico que revisó su cadáver pidió investigar el caso porque además de esa lesión letal, detectó otras en su pecho y su espalda que no serían compatibles con las caídas que sufrió el joven, dijeron fuentes policiales ligadas a la investigación.

Por ese motivo viajó a Jáchal una comisión de la Brigada de Investigaciones al mando del comisario inspector Carlos Vallejos.

Allí tomaron una serie de testimonios para reconstruir los últimos momentos de Molina en la casa de su humilde familia en la zona de Calle Honda, unos 10 km. al Norte del centro departamental. También hicieron pericias en objetos para cotejarlas con el informe del médico, precisaron las fuentes.

Según voceros del caso, los pesquisas con apoyo de personal de la subcomisaría de Villa Mercedes, lograron reconstruir que Molina sufrió una gran caída el viernes en la tarde en unos palos cerca del baño. Y al menos otras dos en Nochebuena, delante de testigos.

Una de las dudas del caso partió del testimonio de la madre de la víctima: la mujer habría referido haber sentido un apretón de manos y haber escuchado como un último suspiro en su hijo alrededor de las 9 de la mañana del primer día del año. Y ese relato no encaja con la declaración del médico, que estimó como momento del deceso las 2 de la mañana de ese mismo día, es decir 7 horas antes.

Uno de los puntos a descifrar por los policías es la conducta de un hermano mayor que vive en la misma casa. Sobre ese hombre hay alusiones de cierta agresividad cuando se emborrachaba, pero por ahora los policías parecen no contar con testigos o alguna evidencia de que pudo atacar a su hermano Reinaldo.