Córdoba.- El  cuerpo de Camila Carletti (22), sumergido y atascado en una piedra del arroyo Santa Catalina, había pasado inadvertido en los rastrillajes anteriores. La joven desaparecida el 2 de septiembre en Adelia María, medía apenas un metro sesenta.

Finalmente ayer, poco antes de las 18, la halló muerta personal del Grupo Especial de Salvamento (GES) de Bomberos de la Policía. Estaba atada de pies y manos con un hilo de nailon, grueso y fuerte, semejante al que se usa para sujetar a los fardos en el campo. Un pequeño tatuaje con la silueta de un gatito asomaba en el tobillo derecho de su pie descalzo. Tenía una herida en el cuello.

Fueron las zapatillas de Camila lo primero que encontraron los policías en el camino que une la casa del presunto asesino con el arroyo. Luego, en la margen del curso de agua se encontró su media. Justo donde los perros de la Policía perdían su rastro.

Camila fue hallada con su campera marrón puesta, remera rosa y un jean desarrapado. El cadáver estaba a unos dos kilómetros del puente próximo al Haras donde trabajaba el único sospechoso, Juan Ramón Villar (28).

Ayer, imputado por “privación ilegítima de la libertad”, fue trasladado a los tribunales de Río Cuarto. Lo iban a indagar con la asistencia de un letrado oficial, pero pidió 24 horas para designar un abogado particular.

José Sagarraga, el abogado de la madre de Camila, opinó: “Ahora debe ser imputado por femicidio y condenado a prisión perpetua”.

En cambio, el fiscal Walter Guzmán, mostró cautela: “En principio es un homicidio, luego de tener la autopsia, analizar el móvil y cómo se sucedieron los hechos, decidiremos la calificación”, ­expresó.

Más víctimas

Más allá de la figura legal que finalmente le asigne el fiscal, con este caso ya suman 14 las mujeres asesinadas en un contexto de violencia de género en lo que va del año. Son dos más que los perpetrados en todo 2015, cuando hubo 12 mujeres muertas.

Villar no era novio de Camila. Pero el fiscal Walter Guzmán tiene probado que intercambiaron mensajes de Facebook y llamadas, y acordaron encontrarse en las afueras de la localidad. El ahora sospechoso de asesinato trabajaba como “parquero” en el Haras El Trébol y esa tarde había ido al pueblo en su tractor a buscar una desmalezadora. Camila fue al encuentro en bicicleta playera blanca. La misma que fue encontrada el viernes, junto con su cartera, enterrada en una hondonada donde el Haras arroja orines y heno de las camas de los caballos. Allí también apareció ropa de hombre. Se investiga si era de Villar y si estaba ensangrentada.

Anoche, el fiscal Guzmán fue hasta el lugar del hallazgo del cuerpo y dispuso su traslado a 
la morgue de Río Cuarto. Se es­pera confirmar si Camila fue herida antes de que la ataran y arrojaran al río.

La mamá de la joven, Graciela, admitió a este diario que a partir del hallazgo de la bicicleta, el viernes pasado, dejó de pensar en la hipótesis de “trata” y a prepararse para el peor final.

Según apuntó Ángelo Cifre, fotógrafo de Adelia María, en el pueblo de ocho mil habitantes, no se recuerda una situación de tristeza y consternación semejante.

El intendente Javier Rezza ­opinó sobre el caso de Camila: “Fue un golpe muy duro. Marcará un antes y un después en la po­blación”.