‘En esto no tengo absolutamente nada que ver, a mí me han involucrado. Con respecto a informes o cosas que se han dicho (de mí) no tengo nada’. En sus últimas palabras ante los jueces de la Sala I de la Cámara Penal, Claudio Eduardo Gil (43) intentó tomar distancia de un grave episodio que, en opinión del tribunal, fue cometido por él entre el 6 y el 7 de enero de 2014: el crimen del chef Carlos Echegaray (47) asesinado de 8 cuchillazos en su casa de Capital.

Por eso fue que, ayer, los jueces Raúl José Iglesias, Silvia Peña Sansó de Ruiz y Juan Carlos Caballero Vidal (h), lo condenaron a prisión perpetua (así lo había pedido el fiscal Gustavo Manini) por los delitos de homicidio agravado por alevosía (Echegaray estaba indefenso) y por cometerlo para asegurarse el resultado de otro delito, el robo, que en este caso fue considerado simple por el tribunal.

Así, Gil recibió su cuarta condena en su historial delictivo; la segunda por matar a un homosexual.

Con poco más de 20 años había recibido su primer castigo de 9 años de cárcel por robo de automotor y privación ilegítima de la libertad.

Cuando consiguió salidas transitorias se fugó a La Rioja y, en esa provincia, al año siguiente cometió su primer crimen: mató de 19 cuchillazos y le prendió fuego al homosexual Alberto Herrera, alias ‘Cacho de la Esquina’. En 1999 le dieron 12 años de cárcel por ese homicidio, considerado simple.

Pero ahí no terminó todo: en 2012 recibió su tercera condena, 9 meses de prisión por malos tratos a su propia madre (ya fallecida) que incluyeron quemaduras en la mujer.

Gil quedó como principal sospechoso del crimen del chef y también por el del anciano Jorge Espínola (85) perpetrado entre el 6 y 7 de marzo de 2014, gracias a la intervención del teléfono que le habían robado a Echegaray y que tenía el consuegro de Gil. Por el crimen de Espínola, empezará a ser juzgado el 2 de mayo.