Dos años atrás, Miguel Angel Arrieta (63) no imaginó que mudarse a la casa donde vivía su madre en el Lote Hogar 3, en La Bebida, Rivadavia, le traería tantos problemas. Al punto de que hoy quiere mudarse. ¿La causa? delincuentes. El hombre es pensionado por una enfermedad (una trombosis que le afectó más la pierna derecha) tiene dos chicos de 9 y 8 años con problemas mentales y no quiere que les pase nada, ni a ellos ni a nadie en su casa. Su temor es fundado: en el cuarto y último robo que sufrió, los ladrones le rompieron una ventana y se metieron para robarle un televisor de 52 pulgadas y otras cosas, cuando estaban sus dos chicos durmiendo. Ese día, el viernes 30 de enero pasado alrededor de las 5, había salido en moto con su señora con la idea de dejarla en el Hospital Marcial Quiroga para que le consiga un turno por el problema de las piernas o para el oculista, porque también tiene dificultades para ver.

Cuando volvió, alrededor de las 5,30, se topó con la ventana rota y una mochila tirada llena de herramientas y zapatillas. Entonces se puso a averiguar quiénes habrían sido, ofreció una pequeña recompensa y se topó con algunos nombres que aportó a la Policía.

Pero eso no hizo más que empeorar la situación, porque desde entonces -dijo- su mujer fue víctima de dos amenazas de muerte.

‘Ahí metieron preso a uno de los que me robó pero lo largaron porque no le encontraron nada. Cómo puede ser, no sé cómo investigan pero ya ni ganas tengo de hacer la denuncia porque después llegan las represalias, eso tiene que ver los jueces’, dijo Arrieta.

El hombre aseguró que el primero de los cuatro robos que sufrió ocurrió en junio del año pasado, cuando estaba por cenar y cuatro sujetos (dos armados) le patearon la puerta y los golpearon para robarle unos $1.000, un TV, ropa, calzado, herramientas, un celular y las computadoras de los niños.

Luego, para el Día de la Madre, se metieron de día para llevarle herramientas, ropa y calzado. Días después, le rompieron el auto para llevarle el estéreo.

‘Cuando entraron en pleno día ningún vecino vio nada, parece que disfrutan con la desgracia ajena. Estamos pasando por cosas muy feas, por eso nos vamos a ir, así no se puede vivir’, dijo Arrieta, entre lágrimas.