Lentamente, el pueblo cordobés de Laboulaye recobraba ayer su habitual tranquilidad después de la catástrofe vivida el miércoles en la madrugada en la ruta nacional 7. Los lugareños retomaban despacio sus ritmos de vida pero sin descuidar a los pacientes sanjuaninos que todavía estaban internados en observación en el hospital Ramón J. Cárcano, a la espera del alta médica para poder regresar a San Juan. En ese nosocomio, la mayoría de los sobrevivientes paulatinamente recuperaban la sonrisa al pensar en la vuelta y en abrazar a sus seres queridos después de la tragedia. Aunque ninguno podía desprenderse del trauma del fatal accidente. La mayoría de los que vivieron para contarla, comentaron a DIARIO DE CUYO que tal vez nunca más se animen a subirse de nuevo a un colectivo.

"Esas imágenes terribles de la gente tirada en el piso del colectivo, gritando por ayuda… ¡hay por Dios!, fue horrible. Tengo el llanto de la gente en la cabeza, de los niños, fue espantoso lo que vivimos", decía ayer Irene Romero, una de las que sobrevivió. Quien agregó que "tal vez no viaje de nuevo en un colectivo".

Ese temor era el común denominador entre los heridos: imágenes de terror y el rechazo de volver a tomar un colectivo.

Otro de los que dijeron que tienen miedo de viajar en un micro fue Pablo Becerra, que ayer esperaba el colectivo provisto por "Ducher" y "Blanca Paloma", para que los heridos regresaran a San Juan. "Con mi familia tenemos miedo de viajar otra vez en un micro. El sentimiento de ver a nuestros seres queridos en San Juan es más fuerte que ese miedo, sólo queremos llegar a casa", aseguró con lágrimas en los ojos Becerra.

La mayoría de los sobrevivientes, que estaban en el hospital cordobés, coincidieron en que las secuelas emocionales que les dejó la tragedia quizás nunca más les permitirá estar en paz y menos subirse a un ómnibus. Ayer, antes de tomar el colectivo provisto por la empresa, muchos especulaban con que si podrían hacerlo.