En los camarines, las duchas sólo tienen la llave del paso de agua, que siempre sale fría porque no hay calefones, los robaron. También faltan puertas y ventanas: las ponen en los partidos de local, luego se las llevan para evitar saqueos. En la habitación donde supo haber un casero, la puerta fue arrancada de cuajo. Y en el salón de eventos, hay un enorme agujero en el techo, abierto por ladrones. Una mirada a la cancha deja también otra sensación de daño irremediable: las farolas para iluminar el campo de juego, situadas a unos 18 metros, están rotas o no están, porque de alguna manera trepan para llevárselas. Las paredes de block del perímetro del predio son otro problema: la del costado Norte prácticamente no existe. Y la del Este parece enfilar hacia el mismo destino: está rota en varios tramos, como el boquete de unos 6 metros que abrieron en el último ataque, para poder huir por ahí con unos 25 metros de la tela olímpica arrancada de la cancha.
Sin embargo, los numerosos y dañinos saqueos en el Club Centenario Olímpico de Chimbas (juega en la B de la liga sanjuanina) no son nada comparados con los embates decisivos cometidos en los últimos tiempos por los ladrones para ganar la pulseada: los ataques a tiros o las amenazas que concretaron en persona a los caseros, para echarlos y así poder robar tranquilos.
“Nunca en los 38 años de historia del club pasó algo tan grave, ya no podemos dejar a ninguna persona que cuide porque los tirotean o los amenazan. Y así no podemos hacer ningún adelanto y eso que hay gente que nos ayuda, porque siempre roban o hacen daño porque sí. El colmo es que cada vez que jugamos de local traemos las puertas y las ventanas y luego las llevamos de vuelta para que no se las roben”, dijo ayer Carlos Martínez, vicepresidente del club.
Y agregó: “Ya no sabemos qué hacer, la última vez que llamamos a la Policía, ni siquiera se bajaron del patrullero”.

