Néstor Fernando Flores tiene 23 años y un futuro muy complicado: se supone que el resto de su juventud y un poco más de su tiempo lo pasará en la cárcel, pues recién podrá salir con libertad condicional cuando tenga 56 años, es decir luego de atravesar 35 años de encierro (ya lleva 2 años y un mes detenido). En teoría será así por la pena que recibió, perpetua. Se la aplicaron ayer los jueces de la Sala III de la Cámara Penal por golpear y estrangular a Rocío Villalón, esa chica de 16 años que había sido su novia y no pudo evitar su trágico fin la mañana del 28 de septiembre de 2013. Fue hallada semidesnuda y desfigurada por los golpes con una botella de cerveza que se rompió al estrellarse en su cabeza. Estaba en medio de unos cañaverales a un costado de la Calle 8, unos 300 metros al Este del cruce con Lemos, en Pocito.
Durante el juicio, Flores confesó haber matado a Rocío en una supuesta pelea en la que ella le recriminaba que sólo la buscara para tener sexo. Pero no pidió perdón por lo que hizo y trató de desprestigiar a la víctima al decir que andaba “con uno y otro”. Ayer volvió a la cárcel con un secreto que aún lastima a los Villalón, el nombre de la mujer que lo ayudó a matar a Rocío. La víctima apareció con cabellos femeninos enredados en los dedos de su mano izquierda, pero aún no se sabe quién es esa homicida.
La pena de todos modos dejó conformes a los familiares y amigos de Rocío. Ayer, no ahorraron insultos contra Flores apenas se conoció el fallo de los jueces Eugenio Barbera, Eduardo Gil y el subrogante Juan Carlos Caballero Vidal (h).
Para esos magistrados, Flores cometió un homicidio agravado por alevosía (la chica no pudo defenderse) y por femicidio (violencia de género). Y así adhirieron parcialmente a los planteos de la fiscal Leticia Ferrón de Rago, que pidió perpetua por homicidio agravado sólo por alevosía. Y del abogado de la familia de la víctima, Fernando Chávez, quien solicitó igual castigo por un crimen agravado por alevosía y por la relación de pareja que habían mantenido.
Gustavo Vila, el defensor, había solicitado la pena mínima por homicidio simple, 8 años. Entendió que no hubo agravantes y que Rocío pudo defenderse.
La defensa aún puede pedir la revisión del fallo en la Corte de Justicia.

