Inalterable. Cuando el agente Cristian Saavedra (27) escuchó que le aplicaban el duro castigo de 15 años de reclusión, permaneció en su asiento con la frente en alto, atento, como si nada. Con ese fallo, el juez Raúl José Iglesias daba por cierto que, uniformado, el 2 de abril de 2009 Saavedra raptó en su moto a una nena (tenía 9 años) tras acusarla de ladrona, para luego llevarla al camping El Pinar, Rivadavia, y allí hacerse practicar sexo oral, manosearla y golpearla. Y también por intentar una maniobra similar el 8 de octubre de ese año con otra nena (tenía 11 años), a la que arrastró de sus cabellos y amenazó con un arma detrás del vivero provincial, en Rivadavia, hasta desistir, por la resistencia de la víctima y la de otros 6 niños que iban con ella a la escuela, dijeron fuentes judiciales.

Luego del fallo en la Sala I de la Cámara Penal, fuera de la sala de audiencia hubo disconformidad. La del abogado que patrocinó a las dos familias afectadas, Julio Noguera, que había pedido 34 años de cárcel. Y la de los padres de la nena abusada: "¡Cómo le pueden dar 15 años!, es demasiado injusto, así no se puede creer en la justicia’, dijo entre lágrimas la mujer, que esperaba un castigo mucho mayor.

Ayer en sus alegatos, el fiscal de Cámara, Gustavo Manini, había considerado que Saavedra debía ser condenado a 17 años de reclusión por los delitos de rapto y abuso sexual con acceso carnal, agravado por su condición de policía. Y también por coacción agravada por uso de arma en perjuicio de la otra menor.

El primer hecho comenzó cerca del mediodía del 2 de abril en la villa Timoteo Maradona, Capital. Allí, Saavedra acusó de ladrona a una nena que iba al almacén y se la llevó en su moto tipo americana. Cuando sus familiares salieron a buscarla, se cruzaron con Saavedra en la calle y hallaron a la niña envuelta en una crisis nerviosa en El Pinar: allí, el uniformado la obligó a practicarle sexo oral, la desvistió, la manoseó y la golpeó antes de huir.

Tiempo después, el 8 de octubre alrededor de las 8, Saavedra -según la acusación- salió de un árbol (detrás del vivero provincial), y otra vez volvió a inventar la historia de un ladrón para engañar a la mayor de las nenas de ese grupo de 7 chicos que iban a la escuela. Le dijo a la niña que lo siguiera y le diera su mochila para incriminar al ladrón que tenía preso, pero como no quiso y se tiró al piso, la arrastró de sus cabellos y la encañonó con su arma reglamentaria, hasta que desistió dándole una patada, en medio de insultos, por la presión de los otros chicos que se resistían a dejarla sola.

Durante los alegatos, el defensor Juan Carlos Juárez, pidió la absolución de Saavedra, quien negó los cargos en su contra y aseguró que los días y en el momento en que se cometieron los hechos hacía adicionales, en una escuela de Chimbas y en la Dirección de la Niñez. Incluso, el empleado de un comercio aseguró que fue a verlo en el colegio donde cumplía esos servicios, pero como no supo decir donde estaba ese establecimiento el fiscal pidió que lo investiguen por falso testimonio.

Para el fiscal Manini muchas pruebas complicaban a Saavedra. Como el hecho de que las víctimas lo reconocieran sin dudar, e incluso una de ellas identificara la ropa interior que llevaba puesta el día del abuso. Otro dato no menor fue la identificación de su moto tipo americana y las dos calcos con una pantera negra en el tanque de combustible. Por ese detalle, el pesquisa Diego Aballay pudo establecer que el misterioso sujeto de los ataques a las nenas era un colega de la fuerza.