Que los abusos sucedieron durante años. Que el sujeto aprovechaba para cometer sus actos turbatorios aprovechando la inocencia de las menores de edad. Que las nenas llegaban a esa casa para que les curen el empacho y él, ofreciéndole golosinas, las tocaba en sus partes íntimas. Todo eso se desprende de la investigación que terminó por condenar a R.F. por abuso sexual en perjuicio de las menores de edad, aunque aún así no irá a prisión.
Según datos de la investigación que se inició a raíz de la denuncia realizada ante la UFI ANIVI el 24 de julio del año pasado, el imputado era vecino colindante de las víctimas al momento de los hechos en un barrio de Pocito. Hasta esa casa llegaban las nenas para que les curen el empacho.
Aprovechando esa relación de cercanía existente entre las familias y cuando la hermana mayor tenía entre 12 y 14 años de edad, la chica fue a la casa de su vecino porque en ese entonces era compañera de colegio del hijo del imputado. Fue ahí que en un momento cuando estaban solos en el domicilio, R.F. sentó en su falda a la chica, le dio besos en el cuello y le tocó sus partes íntimas por debajo de su ropa.
Su hermana menor también padeció abusos por parte de R.F. De la investigación realizada, -sin poderse determinar circunstancias de tiempo-, pero cuando la menor tenía 5 años de edad, el imputado llamó a la niña diciéndole “¿querés que te de un chupetín?” y aprovechando que no había nadie, llevó a la niña a la cocina, le bajó los pantalones y le pidió que se acostara arriba de su pecho, además le tocó su zona genital por encima de la ropa interior.
En otra ocasión y cuando la niña tenía entre 7 y 8 años, otra vez repitió la metodología para llevar a cabo sus abusos. Esta vez le dijo que fuera a su casa “que le iba a dar un caramelo”, la niña fue y R.F. la llevó a una pieza ubicada en el fondo de la vivienda, la acostó en un sillón, se subió encima de la menor acercando sus partes íntimas. Los abusos continuaron y cuando la nena tenía 10 años fue a la casa de sus vecinos. El hombre, después de dejar a su hijo en la escuela, sentó a la menor en el sillón, le bajó el pantalón y le tocó la vagina por encima de la ropa interior con su miembro.
Con esas constancias este lunes en juicio abreviado, se condenó a R.F a cumplir la pena de un año y seis meses de prisión de ejecución condicional, por el delito de “abuso sexual simple reiterado más reglas de conducta por el término de 2 años.

