Hacia afuera, se percibía un sistema cerrado: el perímetro de la casa se había cubierto con una media sombra y los niños, 15 en total, tenían limitados contactos con la gente del barrio. Hacia adentro, la situación era mucho más crítica para esos menores: los 10 del matrimonio dueño de casa, más los tres de una mujer divorciada que llegó vivir con ellos y que luego tuvo otros dos con el jefe de hogar. Llegaron a ser 18 en dos dormitorios. Ninguno de los mayores (no se los menciona para preservar a las víctimas) trabajaba y sobrevivían con los planes de ayuda estatal y la cuota alimentaria de la separada. Lo conmovedor para los pesquisas fue saber que por falta de inodoro usaban un tacho plástico en el baño o que cuando había comida, los niños hacían cola para engullir una cucharada y volvían al final de la fila para repetirse. El hambre, de todos modos, los obligaba a comerse los cubitos de caldo o los sobres de gelatina sin preparar y por eso alguno llegó a tener problemas de riñones. Entre los castigos, los insultos y golpes eran moneda corriente pero había uno muy particular: el que aplicaba el jefe de la casa a los varones, a los cuales obligaba a bajarse los pantalones y besarse entre ellos los genitales para que les ‘diera asco’.

El escenario más grave para esos niños pasaba precisamente por la promiscuidad sexual del trío. Debían verlos desnudos por la casa y asimilarlo como ‘algo natural o normal’.

Las consecuencias más dañinas de esas conductas las sufrió la hija mayor de la ‘amante allegada’. Esa niña tenía algunos privilegios o un trato diferencial: no hacía cola para comer y podía sentarse a la mesa y con plato a la par de los adultos, para los que no faltaba alimento. Compartía el dormitorio matrimonial y no la habitación donde se hacinaban los demás niños, quienes eran obligados a llamarla mamá.

Pero convivir con mayores para esa nena resultó su peor tormento: cuando tuvo 11 años empezó a ser introducida en un mundo promiscuo, pues debía desnudarse y ver cómo se bañaban su mamá y el matrimonio, también debía observar películas pornográficas y las relaciones sexuales del trío y comenzó a ser manoseada. Lo más grave para ella llegaría al cumplir 12 años, cuando su mamá le puso cinta adhesiva para que los otros niños no escucharan sus gritos y ayudó a sujetarla mientras el hombre la violaba. En su relato, la niña dijo que mientras la ultrajaban, las otras dos mujeres reían y se besaban entre ellas. Y que si se resistía era golpeada con un palo.

Así ocurrió dos veces por semana y durante 8 meses, pero tan terrible pesadilla empezó a cruzar los límites de la casa y se quebró el silencio. A la propia madre del dueño de casa le pareció raro que su hijo se bañara con las dos mujeres y la nena: ‘es para que vaya aprendiendo’, le dijeron cuando pidió una explicación. También le sorprendió verlo desnudo en la cama junto a la nena enferma: ‘es porque sabe como bajarle la fiebre’, le dijeron.

Cuando uno de los niños escapó del hogar y detalló las aberraciones que ocurrían en la casa, esa mujer puso la denuncia, el 24 de agosto de 2014. Entonces el particular trío quedó detenido y los niños puestos a resguardo a través de un organismo estatal.

Durante la investigación, se constataron los delitos, el terrible daño psíquico en la menor y el depravado perfil sexual de los tres sospechosos, que nunca demostraron arrepentimiento, negaron todo y hasta lo atribuyeron el caso a un supuesto complot entre la madre y una hermana del denunciado y el exmarido de su otra mujer.

Ayer, la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós y el defensor oficial que representó como querellante al padre de la víctima, pidieron 40 años de castigo para el trío. La fiscal solicitó además que sean investigados por los posibles abusos y la corrupción sexual de los otros 14 chicos.

Los jueces José Atenágoras Vega, Juan Carlos Peluc Noguera y Ernesto Kerman (Sala II, Cámara Penal) adhirieron al pedido, pero les dieron 24 años de cárcel a cada uno. Ahora, los defensores oficiales Carlos Reiloba y Mónica Sefair, pueden pedir a la Corte de Justicia revisar el fallo.