La odisea para un joven matrimonio comenzó hace dos meses, cuando nació Pía, su tercer hija. Desde allí, Gerardo Antúnez, el jefe de familia, tuvo que dejar su trabajo de metalúrgico que hacía para una empresa en Jujuy y regresó a la provincia. Su mujer, Gisela Abrego, literalmente abandonó a sus otras dos pequeñas, Yazmín (6) y Guadalupe (1), para que su suegra las cuidara, mientras ella y su marido dejaban sus tareas cotidianas para dedicarse de lleno a cuidar a su tercer hija, que nació con serios problemas de salud. Desde entonces, ambos se pasan horas y horas en el hospital de Niños, siguiendo de cerca la evolución de la pequeña y haciendo malabares para seguir con la crianza de las otras dos nenas.
Es más, hasta dejaron de ir a su humilde casa en el Anexo 24, a un costado del Lote Hogar 24, Rivadavia, para cuidar a su beba. Y esa ausencia obligada, fue aprovechada por ladrones, que les trajeron otro dolor de cabeza a esos padres. Días atrás, un vecino les dio la amarga noticia de que se habían metido a robar a su vivienda mientras ellos no estaban. Cuando ambos llegaron, de inmediato se quebraron al ver la escena. Como si no tuvieran problemas, apenas se asomaron por la puerta vieron que los delincuentes habían arrasado con todo y los dejaron sin nada porque se llevaron toda la ropa de ambos y de las niñas, una garrafa, un TV, una cucheta, un calefón eléctrico, una heladera, un chifonier, una cuna y hasta una mesa con 6 sillas nuevas, fue el botín que se llevaron los ladrones, que en menos de un mes se metieron por segunda vez a esa casa, afirmó Gisela Abrego.
"El robo no nos importa, ya damos todo por perdido y no queremos regresar a esa casa. Lo único que nos importa es que nuestra hija salga adelante", afirma consternada Gisela mientras le pasa la mano por la cabeza a la pequeña Pía, que nació con una malformación en los pies (pie bot) y por eso tiene sus piernas enyesadas. La pequeña es alimentada por sonda porque no se le terminó de formar el paladar. Los cuidados son muchos y la joven no se despega un segundo de su lado. Tal es así, que hasta come y se baña en el nosocomio, contó Abrego. Gerardo va los fines de semana y su mujer aprovecha para ver a sus otras hijas, a quienes tuvieron que cambiarlas a un colegio céntrico, asegura el hombre.
Sumado a eso, el matrimonio lucha con la obra social privada porque desde que nació la bebé no cubrió ningún gasto de internación y ahora deben operarla y ponerle un botón gástrico, dijeron. "Cuando Pía nació la internaron en Terapia Intensiva en una clínica. A los 7 días, el médico de ahí nos dijo que la obra social ya no nos cubría y por eso la trajimos al hospital. Encima está en una sala común y ella debe estar en Terapia Intermedia", aseguró angustiada Gisela, junto a su pareja. Y como si fuera poco, hace unos días desvalijaron la casa de esa familia y prácticamente los dejaron en la calle: "nos duele empezar de nuevo. Perdimos todo y la verdad necesitamos otra casa, pero no que nos la regalen, sino que la queremos pagar para que nuestras hijas puedan vivir mejor", afirmó Gerardo Antúnez.

