Que Miguel Palma no estuvo en la escena ni participó en el crimen de su esposa Cristina Olivares aquella sangrienta tarde del 7 de julio de 2012 en Pocito. Noelia Corvalán abrió el inicio del juicio por aquel espeluznante homicidio (la víctima recibió unas 160 puñaladas sin defenderse porque ataron sus manos hacia atrás), con ese sorpresivo giro en su relato de los hechos, pues en la investigación había ligado a Palma y a su cuñada Rosa Videla como los criminales. Y además de admitir abiertamente que Rosa dentro de su camioneta apuñaló a Cristina y ella le ayudó a atarla y a intentar deshacerse de las pruebas, sumó una confesión adicional, también inesperada: a la pregunta de la defensa de Palma de porqué hablaba de un secreto, aclaró que se refería (ahora que decía ‘la verdad’ porque antes su abogado le dijo cómo y qué declarar) a que Rosa la manipulaba y la sometía a su voluntad porque sabía que ella le había sido infiel a su marido con uno de sus hermanos, es decir con otro Videla. Volvió a decir también que Rosa siempre la golpeó y le hizo la vida imposible, y que aún teme por su vida o que Rosa o sus parientes le hagan algo a sus padres.
A su turno Rosa Videla también cambió su versión. Igual que su cuñada argumentó que ahora decía ‘la verdad, porque quiero que se haga justicia’. ¿Qué dijo? que esa tarde su entonces novio Palma la convocó a ella a Calle 7 y Vidart, Pocito, para que se juntaran con Cristina y aclararan las cosas. Y que ella a su vez convocó a su cuñada Noelia Corvalán, porque presentía el problema y en esas situaciones ella siempre salía perdiendo porque Palma la golpeaba.
En lo sustancial, ratificó que Palma fue el autor del crimen, pero esta vez modificó algunas secuencias contra su cuñada, como el hecho de señalar que seguramente fue Noelia quien le dio el cuchillo porque se lo había visto en su cartera y también ella quien le pasó el lazo del saquito que vestía para atar a la víctima.
El comienzo del debate en la Sala I de la Cámara Penal incluyó además los gritos de ‘asesinos’ de los familiares de Cristina a los acusados, y la negativa de Palma a dar su versión (siempre negó su vinculación) ante los jueces Juan Carlos Caballero Vidal (h), Raúl José Iglesias y Silvia Peña Sansó de Ruiz.
De todos modos no salió bien parado. La psicóloga Mariana Rizzo declaró que cuando lo entrevistó intentó mostrarse como víctima, y lo calificó de narcisista, impulsivo y agresivo por las denuncias de ataques a Cristina. También aseguró que es un sujeto que propiciaba un triángulo patológico y perverso con ambas mujeres, y que esa situación generaba una rivalidad que podía terminar en una muerte, como ocurrió.
Otro que complicó a Palma fue el oficial Sergio González. Analizó los registros de llamadas aportados por empresas telefónicas y, a la hora del crimen, detectó teléfonos atribuidos al acusado en el lugar donde mataron a Cristina.
Ayer también declaró el bioquímico Humberto Rufino. Y la médica forense María Beatriz Vázquez, quien habló de la agonía de Cristina (quizá hasta media hora) y el gran dolor que pudo sufrir pues la mayoría de los puntazos los recibió en zonas con alta concentración de receptores sensoriales, como el rostro y el cuello.

