Eran las 13.15 de ayer cuando el remisero Pablo Cuenca (38) arribaba a Tribunales acompañado por su defensor Cristian Ferre Penizzotto, para ponerse a disposición del juez Leopoldo Zavalla Pringles y empezar a defenderse de una de las situaciones más complicadas de su vida: ser considerado principal y único sospechoso de haber dado muerte de un disparo en el abdomen al empleado minero Víctor Peñaloza (41) a quien había trasladado desde la Villa Storni, en Capital, hasta el kiosco de su pareja en República del Líbano 580 Oeste, Rawson, donde ocurrió el homicidio el domingo pasado.
‘Llamé a los policías de Homicidios para programar su entrega y por eso arribamos con ellos hasta el juzgado. Allí se labró un acta donde consta que mi cliente se presentó espontáneamente para no obstaculizar la investigación, ejercer su derecho de defensa y acreditar su inocencia’, dijo ayer Ferre Penizzotto.
‘Mi cliente fue víctima de un hecho violento por parte de este señor, que estaba molesto porque no se le permitió fumar y por el precio del viaje. Cuenca en todo momento intentó evitar la confrontación pero fue golpeado por este hombre que tenía un arma y la sacó, y fue ahí que mi defendido forcejeó con él y se produjo el disparo. El hecho ocurrió fuera del remís y el arma quedó en el lugar, seguramente alguien se la llevó’, precisó el letrado, confirmando el anticipo de este diario sobre la versión que dará hoy Cuenca ante el juez.
El relato del remisero pretende instalar la hipótesis de que en realidad fue víctima de una agresión ilegítima. Si el juez considera que así fue, el remisero podría recuperar su libertad.
Sin embargo, en la Policía aseguran que hay testigos que contradicen esa versión. Así, por ejemplo, mencionaron que dos de ellos dicen que todo el problema, con disparo incluido, ocurrió dentro del auto de Cuenca. Y que el chofer abrió la puerta y empujó a Peñaloza para sacarlo del vehículo, ya herido de muerte.

