Aparecieron otros dos sospechosos en la investigación por el crimen del anciano del barrio Capitán Lazo, en Rawson. Además de la mujer, actualmente detenida, la policía tiene en la mira a dos hombres que frecuentaban la vivienda donde ocurrió el asesinato. Uno de ellos ya tiene pedido de captura. Se conoció que la autopsia reveló que la víctima tenía heridas y fracturas por los golpes.

Angel Emeri Ochoa (88) fue hallado sin vida en su cama el lunes al mediodía por su hijo que fue a visitarlo a su casa en la esquina de Lemos y Facundo, Rawson. Tenía una herida en la cabeza y otras lesiones, lo que evidenciaba un crimen.

Su mujer, María Teresa Román Amaya (71), fue detenida y quedó como principal sospechosa, dijo la policía. Y es que los policías de la Seccional 24ta., a través de vecinos, se enteraron que la mujer era alcohólica y solía golpear al abuelo. La señora alegó no saber qué pasó con su marido, siendo que ella estaba en la casa. Ahí también vivía un hijo discapacitado de la víctima, de 29 años, que esa noche fue corrido por la propia mujer.

La autopsia del médico forense Alejandro Yesurón señaló que Ochoa murió por un "traumatismo de cráneo encefálico, además tenía múltiples lesiones contusas y fracturas costales", dijo un jefe policial. Es decir que le habían pegado por todo el cuerpo, pero el golpe mortal fue en la cabeza, donde tenía una herida cortante. Estimaron también que murió alrededor de las 5 del lunes.

La policía estableció que la noche del crimen, además de Ochoa y su mujer, pudieron haber estado presentes dos hombres que solían ir a tomar. Testigos señalaron que vieron a uno de ellos en la casa esa noche. Ese sujeto está identificado y ya ordenaron su detención, aunque anoche no lo localizaban. El otro sólo está en la mira.

La hipótesis policial es que a Ochoa lo golpearon con una silla dentro el comedor de la casa. En teoría, después fue llevado a su pieza, le cambiaron de ropa y lo dejaron en su cama, mientras que limpiaron la escena. Los investigadores sospechan que la mujer atacó a Ochoa, pero no descartan que sea otro el agresor, o al menos haya colaborado. Ayer, la policía secuestró dos sillas con manchas de sangres, ropa del abuelo también con sangre y otros elementos que sirven en la causa.