Premeditado, porque la esperaron en horas de la noche y la emboscaron para atacarla. Alevoso, porque le dieron dos golpes en la cabeza, posiblemente con un palo, y la maniataron para dejarla indefensa con el fin de matarla. Y ensañamiento, porque se cansaron de darle puntazos con un misma arma blanca, en total tenía 140 heridas cortopunzantes, incluso se sospecha que intentaron degollarla y hasta algunos cuchillazos fueron dados en la espalda estando ya sin vida. Estas son las aristas del demencial asesinato de María Olivares el sábado último, uno de los 8 crímenes más brutales cometidos contra mujeres que se recuerden en los últimos 12 años en la provincia.
El juez Leopoldo Zavalla Pringles, quien investiga el caso, reconoció ayer que el homicidio de María Cristina Olivares (26) es uno de los homicidios más sangrientos que vio en su carrera judicial. Su correlato a nivel nacional es el caso de Carolina Aló, asesinada de 113 cuchillazos por Fabián Tablado el 27 de mayo de 1996, en Buenos Aires, pero hay también otros homicidios, igual o más horrendos, dentro de la provincia (ver Otros casos que conmovieron).
Aunque el magistrado afirmó que queda por determinar qué rol tuvieron Miguel Angel Palma (24), el ex marido de la víctima, junto a su amante Rosa Haidee Videla (22), la cuñada de ésta, Noelia Abigail Corvalán (19), y Ramón Orlando Videla (27), hermano de Rosa, por ahora el círculo se cierra entre estas cuatro personas actualmente detenidas. Sospechan que las dos mujeres son las autoras materiales, que Palma fue el instigador o colaboró con ellas y que el otro muchacho actuó posiblemente de encubridor.
El móvil sería pasional. Había una conflictiva relación entre Palma y Olivares, que si bien estaban separados, seguían viéndose; a la vez él mantenía un romance con Videla, un amor de juventud que nunca dejó, según versiones. Olivares hacía un año que estaba separada de Palma, al que denunció por violencia familiar en 2 oportunidades, y vivía junto a sus dos hijos en una piecita en Villa Constitución, Pocito.
Todo indica que Olivares había quedado en pasar a buscar a Palma la noche del sábado para que éste fuera a cuidar a los niños y ella pudiera ir a trabajar. La hipótesis es que pasadas las 20, cuando Olivares transitaba en moto, fue sorprendida supuestamente por Rosa Videla y Corvalán en calle 7 y Vidart, Pocito, cerca de la casa de Palma, explicó un investigador. Creen que Palma planeó todo. Tal parece, la estaban esperando: andaban en la camioneta VW Saveiro de Corvalán y aparentemente ya traían un cuchillo tipo carnicero.
La autopsia al cadáver de Olivares, realizada por la médica forense María Beatriz Vázquez, reveló que recibió un golpe en la frente y otro en la parte posterior de la cabeza, indicó una fuente judicial. Suponen que le pegaron con un palo, para reducirla. El juez Zavalla Pringles también explicó que le ataron la muñeca derecha, luego la izquierda y después las dos manos juntas con el lazo de una prenda. Una vez que estuvo indefensa, la masacraron a cuchillazos. No descartan que la hayan atacado arriba de la caja de la camioneta o a un costado de la calle. La autopsia indica que le dieron 25 puntazos en el rostro, pero también en las orejas y en ambos costados del cuello, como si hubieran intentado degollarla, dijeron. Le dieron decenas de cuchillazos en el tórax y muchos otros en ambos costados del cuerpo, ‘algunas heridas estaban unas al lado de otras’, dijo el magistrado. La víctima después fue trasladada en el vehículo y tirada al costado de calle Picón.
La forense estableció que Olivares agonizó media hora y murió alrededor de las 21 del sábado, producto de las múltiples heridas y la gran hemorragia. Lo sorprendente es que estando muerta, le propinaron al menos 5 puntazos por la espalda. Esto se desprende porque esas heridas no presentaban sangrado. El juez Zavalla Pringles confirmó que la víctima tenía 140 heridas cortopunzantes, algunas superficiales y otras profundas. La ropa de la víctima también evidenciaba que la arrastraron. Y eso explicaría el por qué tenía el pantalón bajo; no por un posible abuso sexual, pues el informe forense descartó una violación.

