Todo pasó la madrugada del 5 de diciembre de 2011. Eran como las 4 de la mañana cuando el dueño de casa llegó de su trabajo como chofer de ambulancias y, al entrar al dormitorio de su hija adolescente, notó que había otra niña (entonces de 13 años) en la misma habitación. Lo que siguió fue parte de un relato que ayer, el juez Raúl José Iglesias (Sala I, Cámara Penal) dio por cierto. Según esa niña, el sujeto se sentó a los pies de su cama, le tocó las piernas sobre las sábanas y se fue. Pasados unos minutos, volvió a ingresar, ejecutó la misma maniobra y se volvió a marchar, pero enseguida regresó, le tapó con las sábanas la cabeza a su hija, le tomó la mano a la otra chica y se hizo tocar sus genitales.
Ayer, el juez consideró probado que ese hecho configuró el delito de abuso sexual con el agravante de ser ese sujeto, Héctor Báez, el guardador, es decir la persona encargada de cuidar a la niña visitante. Y por eso lo condenó a 4 años de cárcel, dijeron fuentes judiciales.
El delito había sido denunciado el 23 de abril de 2012, cuando el cuadro de angustia desbordó a la menor. Entonces se supo que esa noche la víctima notó cada embate del ahora condenado, porque estaba nerviosa ya que esa mañana rendía en su escuela, precisaron.
Al cabo de sus alegatos, el fiscal Gustavo Manini había pedido 10 años de cárcel para Báez, pues consideró que había cometido un abuso sexual gravemente ultrajante, agravado también por su condición de guardador.
En cambio el defensor Juan Bautista Bueno de la Cruz pidió la absolución. Luego de cuestionar el alegato fiscal, entendió que su cliente no había cometido ningún delito, que en todo caso esa madrugada no era él precisamente el guardador sino su esposa. Y también solicitó que se declarara inconstitucional, por elevado, el mínimo de la pena prevista para el delito que le atribuían a su cliente. Ayer, el defensor no descartó llegar a la Corte de Justicia para intentar revertir el fallo contra Báez.

