Parece la historia del golpe perfecto que no resultó por la desconfianza de un remisero. Según la policía, ese chofer de la empresa 4238888 llevó a cuatro sujetos desde la capital sanjuanina hasta Mendoza, y temió por su suerte ante el extraño comportamiento de sus pasajeros, sobre todo cuando vio a uno de ellos bajar con un paquete en Mendoza y volver con otro envuelto en un diario. Los pesquisas aseguran que al volver de Mendoza, el remisero estaba convencido de que esos cuatro sujetos podían ser narcos o asaltantes y ante la duda, prefirió no pasar de la céntrica esquina de 9 de Julio y avenida Rawson, en Capital. Allí puso una excusa para no seguir hasta Jáchal, destino final de tres pasajeros (dos de ellos viven allí), y avisó en el acto a un policía en la estación de servicio de esa esquina cuando vio que los tres sujetos abordaban el auto de un compañero de la misma empresa. Fue el principio de un caso sorprendente y bastante sospechoso, porque tras el aviso un cordón de tres policías de la seccional 18va. (el oficial Gustavo Miranda y los agentes Roberto Agüero y Roque Soria), frenaron a punta de arma el paso del vehículo y cuando revisaron a los pasajeros se toparon en un bolso con una suma cuya procedencia ninguno pudo justificar: la nada despreciable cantidad de $64.209.

El operativo se concretó minutos después de las 2 de ayer en ruta 40, frente a la estación de servicio en el ingreso a Albardón. Y lo que en principio parecía un misterio pronto cuajó en una explicación que ayer era la principal hipótesis de investigación de la policía: el dinero -se sospecha- es el fruto de la venta de un trozo con restos de metal de fundición (oro y plata) que uno de los detenidos, de apellido Cataldo, podría haber sustraído de la mina de Gualcamayo, en Jáchal, porque allí trabaja como custodio de la firma "Prosegur", dijeron fuentes policiales.

La teoría a comprobar por la policía es que ese trozo de metal proviene de un crisol o alguna vasija de fundición que tiempo atrás se rompió, y que el custodio, favorecido por su función en ese lugar, pudo sustraer burlando la vigilancia de otros compañeros y de las cámaras de seguridad.

De acuerdo a ese supuesto plan, lo que siguió fue buscar el apoyo y la seguridad en su primo (de apellido Alcaraz) y su cuñado (Farías) durante el viaje ida y vuelta a Mendoza, que se inició alrededor de las 20.30 del miércoles en compañía de un cuarto sujeto, el supuesto nexo local para poder hacer la operación en Mendoza, estimaron las fuentes.

Los investigadores sospechaban ayer que el sujeto que los conectó para la supuesta venta en Mendoza se quedó con una importante suma pues creen que la operación pudo dejarles más de $100.000. También suponen que la división del dinero se concretó en una estación de servicio de GNC en Mendoza, donde, según el chofer, bajaron el custodio, su primo y el supuesto contacto, que ayer intentaba ser localizado por la policía.

Tras el operativo y las primeras averiguaciones, el caso pasó de la seccional 18va. a la Central de Policía, bajo estrictas directivas del juez en lo Correccional Eduardo Gil. Este magistrado resolverá ahora si la historia del trozo de metal es o no parte de un delito y si los tres sospechosos deben o no seguir detenidos.