El jardinero había terminado de limpiar los espacios verdes de la casa y, como siempre, le avisó a la empleada para que le abriera una puerta lateral que conecta con el fondo. Eran las 10,30 de ayer cuando la rutina de los trabajadores se truncó violentamente: porque el jardinero entró, pero con un revólver en la cabeza y tres sujetos detrás suyo con precisas exigencias: que no gritaran y hablaran en vos baja, que la empleada encerrara el perro boxer en el baño porque es el animal más bravo pues sabían el nombre y de la mansedumbre de la perra. En la media hora siguiente, la empleada y el jardinero fueron maniatados y controlados por uno de los delincuentes mientras los otros dos revolvían todo y de vez en cuando se acercaban a la empleada para amenazarla con lastimarla o terminar con su vida si no decía dónde estaba la plata, las joyas o la caja fuerte. Luego de revisar todo y no hallar esos valores, huyeron con una notebook, un radiograbador, un reproductor de DVD y algunas otras cosas. Huyeron tras maniatar a sus víctimas en la moto Guerrero 110cc. de la empleada, a la que también le sustrajeron el celular.

Esa versión de los hechos relató ayer la empleada y la propia diputada justicialista Lucía Gómez, quien hace dos años vive en el barrio Profesional, en Rivadavia. "Es la primera vez que me roban y no me nace odiarlos, pero me siento muy mal porque yo he venido defendiendo mucho a los jóvenes para rescatarlos de la droga y sacarlos de los círculos de violencia. Evidentemente tenemos que hacer políticas para incluir a estos jóvenes laboralmente en la sociedad", dijo ayer la legisladora.