A Marcelo Riveros lo despertó el ruido, el curioso ruido que venía de la calle. Primero un fuerte estruendo y después como un chirrido prolongado. Cuando ganó la calle para ver qué pasaba se topó con un camión con acoplado, con una moto debajo del pesado vehículo y con un hombre que andaba y desandaba sus pasos, nervioso, desesperado. Y enseguida todo se le aclaró: la presencia de un cuerpo sin vida metros atrás del convoy, no le dejaron dudas. Lo que sí parecía dejar dudas, al menos entre los policías, fue la versión que dio el camionero sobre cómo ocurrió esa tragedia minutos antes de las 6 de ayer en la ruta 155, unos 500 metros al Oeste de Alfonso XIII, en Rawson.

¿Qué dijo el conductor de ese Dodge 800, Dante Battezati (32)? Que venía de 9 de Julio de cobrar por su trabajo en una bodega de San Martín. Que viajaba rumbo al Oeste por la 155 (conocida también como calle 5) con destino a la casa de un hermano en Chimbas, donde dormiría algo para retirar a su hijo (es separado) y luego partir hacia su casa en Colonia Fiscal, Sarmiento. Y que chocó al motociclista porque zigzagueaba y se le vino de frente sin poder evitarlo, dijeron fuentes del caso.

Pero a los policías les parecía muy llamativo que se cruzara de carril, que anduviera algunos metros por la banquina contraria, que no frenara y que luego de chocar la Maverik Fox 110cc. que Orlando Mario Varela (46) guiaba rumbo a una finca de 9 de Julio, no se detuviera y avanzara unos 100 metros aplastando y arrastrando la moto con conductor y todo. "Es posible que se haya dormido", conjeturó ayer un jefe policial.

El escenario de la tragedia era impresionante: a lo largo de unos 100 metros habían restos de la moto y también restos de la víctima, que sufrió múltiples fracturas y la destrucción de su cabeza a pesar de llevar el casco puesto.

El fallecido vivía en calle Morón, La Bebida, Rivadavia, junto a sus padres, un hermano y una sobrina. Era soltero y, según su familia, era un experto maquinista con 20 años de trabajo en una empresa, y una dedicación cuidadosa a su oficio: "no era de andar tomando, con decirle que a las nueve y media, diez de la noche se acostaba porque se levantaba a las 4. Era una buena persona mi hijo", dijo ayer Victoriano Varela, conmovido por la desgraciada pérdida.